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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

La Gitana

Una pequeña lluvia cae sobre mi rostro
Mientras, camino y camino


Soy gitana. Soy gitana de todas partes y de ninguna. Soy rumana, búlgara, húngara... Soy también española, alemana, hebrea, china, rusa, palestina, albanesa, serbia, inglesa, hindú, marroquí, francesa... Y de todos los demás lugares habidos y por haber. Soy gitana. Y la tierra donde piso sin dañarla, florece con calma mientras la vida sigue.
Ahora, abro los ojos.
El césped verde y brillante desaparece, la tierra se seca y el mundo sigue en pie de un modo misterioso, ya que los actos cometidos por los hombres y mujeres del siglo 21, siguen demasiadas veces basándose en un impulso irrefrenable de poder. ¿Sobre qué y sobre quién? Vuelvo a preguntarme. Y un escalofrío recorre mis venas gitanas-sefardies, mientras mis labios gitano-dominicanos se contraen para retener el llanto. Mis ojos gitano-ucranianos de todos los colores, se encienden fieros por unos instantes y miran directamente a los ojos del predador y le preguntan; ¿Por qué?
¿Se puede pagar la libertad, el derecho a elección, la dignidad? ¿Qué precio tiene un destino, una vida... que a la vez marca la vida de toda una familia, de todo un clan, de todo un pueblo?
¿Tiene precio la dignidad? La dignidad, que es algo a lo que todos tenemos pleno derecho simplemente por el hecho de nacer. 
Cierro los ojos otra vez durante unos nuevos segundos.
Camino. Mis pies desnudos aprecian el tacto del suelo arcilloso tras la lluvia. Hay unos niños pequeños y de risa sonora que corren cerca y me llaman a gritos. El pelo largo de una mujer se esconde detrás del tronco de un árbol y llega otra risa hasta mí. Un hombre talla la rama más fuerte de un arbusto tupido. Hay algo encerrado en esa rama... el espíritu de una figura que baila tal vez, o el de un potro con ganas de correr. El hombre silba y su silbido me hace acelerar el paso de mis pies que comienzan a bailar cada vez más rápido. La hierba se enreda entre mis dedos y la tierra arcillosa ahora es barro suave y cálido, placentero e hipnotizante.
Vuelvo a abrir los ojos y la mirada del predador esta fría. Es la reliquia de los que hubo antes que él, es el retrato vacío del poder que ha robado el alma. Es el manejo de abuso de poder frente a la propia incapacidad de proporcionar justicia y bienestar a sus ciudadanos que en este siglo no deberían ser súbditos sino hombres y mujeres libres que eligen una democracia real y un incremento del bienestar, del bienestar para todos... sobre todo espiritual, moral y social.
Mejor que expulsar es Integrar, Educar y Ayudar.
El de los ojos fríos me devuelve al fin la mirada. Y nos quedamos así; frente a frente, cara a cara para siempre tal vez.

Pequeños Deberes: Ayudar, educar, integrar y...........................................


 

Cuadros: Rodolfo Costa




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