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Las críticas cítricas

Maruja Limón

Las meninas


Vamos a hartarnos, ya lo sé. Tendremos Leonor (¿no les suena a detergente?) y Sofía (¿no les suena a Mazagatos?) hasta en la sopa. Y cuanto más crezcan, mayores dosis. Así que habrá que ir acostumbrándose aunque yo, por higiene mental, me niego a aceptar como normales determinadas cosas.

«Inquieta y curiosa, disfrutó sin impacientarse y mostrando gran interés del ballet El lago de los cisnes», leo en Lecturas. Perdonen, pero por muy lista y heredera (¿no les suena a Paris Hilton? que sea no acabo de creérmelo. A su edad, El lago de los cisnes es un tostón, ¡pero si apenas aguantas El patito feo! Aunque la palma se la lleva Semana:

«Tras acompañar a su cuñada Elena y a su sobrina Victoria a una representación del ballet El lago de los cisnes, Letizia pensó que era un espectáculo que a Leonor, que cumplirá cinco años el próximo 31 de octubre, le podría encantar y el pasado domingo madre e hija disfrutaron de una salida de chicas al teatro de La Zarzuela de Madrid, mientras Felipe se quedó en casa con la benjamina, Sofía


Atención, pregunta: si lo de Letizia y Leonor es una salida de chicas, ¿qué es lo de Felipe y Sofía? ¿Un plantón real? Seguro que, aprovechando la ausencia de la prinZesa-espátula, pidieron un Burger King prieto de grasas saturadas.

Conste que yo también estoy a punto de darme a la comida basura. Lean esto: «Según se ha publicado, Felipe y ella [LetiZia, no Sofía] han diseñado un plan de educación para sus hijas que empieza a dar sus frutos. Además de involucrarse en su papel como padres, cuentan con la ayuda de dos nannys, que ejercen como poli bueno y poli malo. Con la más estricta, las niñas completan sus conocimientos de inglés y aprenden normas de comportamiento que ayudarán mucho cuando tengan que enfrentarse a sus tareas oficiales. Con la más permisiva, juegan y se divierten.»

Las negritas son mías. Y escasas, porque el párrafo entero es destacable. Y absurdo, y ofensivo.  Si yo fuera Starsky o Hutch me ofendería. Por las mismas, podrían haber asignado a una el papel de payaso cara blanca, y a otra el de payaso zapatones; o a una el de Felipe González y a otra el de Alfonso Guerra; o a una el de Jeckill y a otra el de Hyde.

He de empezar a considerar seriamente la posibilidad de que los Príncipes de Asturias tengan efectos nocivos sobre la salud mental de los periodistas. Leo en ¡Hola!: «El príncipe da un cariñoso beso a Mónica Fuster mientras la princesa, sintiéndose en un entorno de gran confianza, sigue el recital dando palmas.»

¿Qué quieren decir? ¿Que Letizia puede dar palmas de alegría porque, aunque Felipe besa a Mónica, la que lo cazó fue ella? ¿O que Letizia prefiere mirar hacia otro lado y hacer ruido dando palmas para no ver ni escuchar lo que Felipe y Mónica tienen que decirse? Qué incertidumbre.


La misma ¡Hola! trae a su portada a Paz Vega y su marido, Orson. Olviden, si puede, el hecho de que esta mujer posa siempre como si fuera una súper estrella: de momento, lo que ha aprendido en Hollywood es a estirarse, contorsionarse y repantingarse. Se diría que tienen en la habitación, pegados en la pared frente a la cama, los posados de Brangelinay otras parejas célebres y que por la noche, antes de proceder (¡tres hijos en tres años! ¿Cómo era aquello del ojo y la bala?), practican famoseo.

Y no es en la pose en lo único en  lo que imitan a la jet hollywoodense: también en los nombres. En los nombres raros. Porque no me digan que es normal llamar a tus criaturas Orson (bueno, como el padre), Ava

―-Como lo que se usa para cocinar fabadas…

Santiago, siempre pensando en comer. Y, atención al nombre del benjamín, Lenon. Como John, pero con una n.

Dicho lo cual, me atrevo a proponerles nombres para el caso de que hayan asumido ellos solos la dura tarea de situar el índice de natalidad español a la altura del de Mali: Usnavy, Usmail, Onedollar, Maikelyordan.  Y si son chicas, Kailiminog o Karmele servirán.

Si de algo estoy segura, es de que Alessandro Lecquio y su novia transistorizada María jamás pondrían nombres así a sus hijos. Ojo a las fotos íntimas de la pareja en la suite de no sé qué hotel. Él, vestido apenas con una toalla en torno a…

¡Maru! Te prohíbo que lo describas o te deleites.

(Lo escribiré en voz baja: tiene músculos de cuya existencia ni siquiera tenía noticia.]

Termino ya. Dice Carolina Herrera hija: «Para mí, ser VIP es ser uno mismo, auténtico y real». Hay en la frase dos mentiras. Primero, que ella sea VIP. Es rica y pija, pero VIP… Segunda, que para ser VIP baste con ser uno mismo, auténtico y real, porque en tal caso, Belén Esteban sería VIP. Y sólo es vulgar.

La niña ha hecho esas impactantes declaraciones en una entrevista al hilo del lanzamiento de su primera fragancia, inspirada en Nueva York. Hay una cadena de perfumerías que ha lanzado otra, inspirada en la Gran Vía madrileña, y tampoco lo entiendo: con lo mal que huele, ¿a quién puede inspirar qué?




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