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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Menos de lo que hubiera deseado


El tercer largometraje de Achero Mañas tras el éxito de El bola y Noviembre es hermoso y bienintencionado pero nuevamente lastrado por la retórica y el sentimentalismo.

Todo lo que tú quieras nos cuenta la historia de la transformación de Leo (Juan Diego Botto), un joven abogado que tras la muerte súbita de su esposa se entrega en cuerpo y alma al cuidado de su hija pequeña. De nuevo estamos ante una película de actores, actrices y diálogos, con homenajes al vodevil y con una gran pasión por lo que nos cuenta. A pesar de todo, el filme no logra convencer al espectador que ve como Mañas toca muchos temas pero no profundiza demasiado en ninguno ellos. Una narración sobre el duelo y una fábula sobre la crisis de la masculinidad; una historia de amor paternofilial ―lo mejor del filme― y una historia de rebeldía y cambio de mentalidad que bebe demasiado del cine de Hollywood, tanto en su guión como en algunos de los personajes que quedan desdibujados o acaban siendo meros comparsas de la pareja protagonista.

Todo lo que tú quieras es una película sobre la paternidad y la maternidad como roles, con apuntes sobre la inoperancia del sistema judicial y sobre el choque entre la tradición y la modernidad. De nuevo Mañas da protagonismo a personajes que ven de otro modo nuestra sociedad, pero la teatralidad y la afectación restan verosimilitud a un relato contado, no obstante, con considerable eficacia narrativa y afecto por sus personajes. El director nos habla del choque entre lo privado y lo público, de la homofobia, de la lucha por el amor incondicional hacia una hija y de la entrega, pero el reparto no es el adecuado, y el peso de un guión y unos diálogos algo pasados de moda echa a perder gran parte de un trabajo lleno de ideas visuales hermosas y arropado por una dirección sólida y una fotografía y una música más que dignas.

Filme, pues, apreciable pero fallido porque oscila sin demasiada convicción entre el melodrama con mayúsculas y la sátira de costumbres sin profundizar lo suficiente en las emociones de esos personajes superados por las circunstancias. Un relato bastante más conservador de lo que aparenta, salvado por el trabajo del director y de sus actores y por algunos momentos en los que la ironía y la poesía se dan la mano para eludir el regusto a cursilería que planea sobre toda la historia.




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