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La biblioteca ideal

Daniel Tubau

El "Mahabharata" y otras obras del tiempo

danieltubau@gmail.com

 


Podemos preguntarnos si nuestra opinión acerca de la calidad literaria de la Epopeya de Gilgamesh o incluso de La Ilíada cambiaría si descubriéramos que fueron escritas tres siglos antes, o un milenio después, de la fecha que hoy aceptamos.

No sé cuál es la respuesta en relación con las dos obras citadas, pero quizá sirva de ayuda mencionar un caso reciente en el que una obra quizá vea modificada su datación: el poema indio Mahabharata, que se puede traducir como El cantar de los barathas o la Gran India.


Se dice que esta obra colosal pudo llegar a ser escrita porque el sabio Vyasa se la dictó al dios elefante Ganesha, también llamado Ganapati. Se trata de una curiosa inversión del procedimiento habitual, en el que son los dioses los que dictan o inspiran a los humanos los textos sagrados. Ya vimos algunos ejemplos de la inspiración divina en otro estante de esta biblioteca ideal (Los libros de Dios): Alah dictó el Corán a Mahoma,  Yavhé inspiró a los profetas, las musas a Homero. El hecho de que en la India sea un dios el que escribe las palabras del cantor Vyasa es una muestra más de la gran paradoja de la mitología india, según la cual los seres humanos son superiores a los dioses.


La leyenda cuenta que Ganesha le puso una condición a Vyasa: que no dejase nunca de recitar. Si por cualquier causa interrumpía el dictado, él dejaría de escribir. Vyasa aceptó, pero puso su propia condición: que Ganesha sólo escribiera cuando hubiera asimilado el significado de cada verso. De este modo, Vyasa pudo tomarse pequeños respiros al recitar pasajes de difícil interpretación. Aun así, la tarea le tuvo que llevar un mínimo de 56 horas seguidas, pues el Mahabharata es la segunda obra literaria más extensa de la humanidad, con 100 000 versos (la primera es la epopeya tibetana El cantar del rey Gesar, con un millón de versos).

Hasta hace poco tiempo, se consideraba que el Mahabharata había sido escrito hacia el año -1200, aunque otros lo situaban en el -600. Algunos, llevados por otro de los rasgos más característicos de la India,  la exageración, lo situaban en el -5000.


Sin embargo, empieza a ganar adeptos una datación que cambia de manera radical nuestra percepción del texto: el Mahabharata pudo ser escrito hacia el año 200 antes de nuestra era.

Si esta fecha fuera correcta, estaríamos obligados a leer de nuevo el Mahabharata o, si se prefiere, a descubrir otro Mahabharata que coincide línea por línea con el anterior, pero que difiere en todo; del mismo modo que son diferentes el Quijote de Miguel de Cervantes y el de Pierre Menard, como veremos con más detalle la semana que viene, cuando hable del célebre artículo “Pierre Menard, autor del Quijote”, que Jorge Luis Borges escribió en recuerdo de su amigo Menard.

En el caso del Mahabharata, la diferencia entre el año -200 y cualquier otra fecha anterior al -330 haría que el poema indio dejase de ser el original y se convirtiera en la copia


Atención al caballo de Troya

En efecto, resulta que entre el Mahabharata y la Ilíada de Homero existen similitudes asombrosas, que han dado pie a todo tipo de teorías acerca de la influencia de la India en Grecia. Cualquiera que haya leído las dos obras no tiene más remedio que concluir que es inverosímil pensar que ambos textos no estén relacionados de alguna manera. El problema es que, si el Mahabharata fue escrito hacia el año -200, entonces Alejandro Magno ya habría estado en la India, dejando diversos reinos griegos, como el de Sagala o el de Bactria, en los que la literatura griega se difundió. En su delicioso y documentadísimo Grecia en la India, el repertorio griego del Mahabharata, Fernando Wulff Alonso muestra las similitudes entre el poema indio y obras clásicas griegas, y sostiene que la influencia va de Grecia a la India, y no al contrario. La conclusión es que Vyasa, o quien fuese el autor, habría intentado escribir una épica india “a la manera griega”.

La originalidad de Vyasa, ese sabor antiguo que Homero habría imitado, se convertiría en una copia imperfecta y en exceso prolija. En el peor de los casos, se podría llegar a pensar que Vyasa es sólo un vulgar imitador, recordando aquello que se dice de que el primero que comparó los labios de una mujer con una rosa era un genio, pero que quien lo hace ahora es un poeta mediocre o un cursi.


El cambio de fechas también modificaría la interpretación del mito de la escritura del Mahabharata. La versión tradicional de Vyasa dictando el libro al elefante Ganesha ha servido para justificar los errores detectados en el texto, atribuidos al dios elefante, que no podía escribir tan rápido como el sabio hablaba. Entre los que situaban la obra en fechas tan lejanas como el año -5000, algunos pensaban que el mito escondía una verdad histórica: que el Mahabharata fue recopilado en una de las primeras repúblicas indias, cuando uno de sus líderes decidió transcribir las historias de los cantores ambulantes. La razón por la que los escribas (es decir, el dios Ganesha) no lograban apuntarlo todo era que los recitadores no podían interrumpir su discurso, ya que éste se enlazaba sin pausa mediante técnicas de memorización.


Ahora bien, si la obra fue escrita después de la llegada a la India de Alejandro Magno y el libro que siempre llevaba consigo (la Ilíada), entonces el recurrir a un dios e incluso el atribuir la obra al legendario sabio Vyasa, que es, por cierto, uno de los protagonistas del Mahabharata, serviría para esconder un fraude histórico.

En tal caso, la frase que aparece en el primer libro del Mahabharata: “Lo que se encuentra aquí se puede encontrar en otros lugares, pero lo que no se encuentra aquí, no se encontrará en ningún otro lugar”, ahora podría interpretarse como una defensa ante las más que previsibles acusaciones de quienes, al leer el Mahabharata, dijeran que eso ya lo habían leído antes, y en concreto en la Ilíada de Homero.

 

Visita la página web del autor: www.danieltubau.com




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