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Pantumaca

Sara Orúe

Se acabó lo que se daba

Como el avión llevaba varias horas de retraso, cuando llegamos a casa era muy de noche. Pese al madrugón, la excursión matinal, los trenes varios, la espera en el aeropuerto y el vuelo en sí, Juan, ese ser nacido de mis entrañas, carne de mi carne y luz de mi vida, no tenía ni pizca de sueño.


Juan, ¿no tienes sueño?
―No tengo “sin pica” de sueño. ¿Jugamos a meter goles?
―No, es muy tarde. Además,  después de cenar, ¿qué se hace?
―Contar cuentos y jugar con las pegatinas.
―Antes lavarse los dientes.
―Pero si no están zucios.
―Sí lo están, aunque no se vea. Venga, a lavarse los dientes y a dormir.
―Dodmir no quiero. ¿Todavía tengo vacaciones?  ¿Volvemos a la playa? ¿Me pongo el bañador? ¿Me das una galleta? Este pijama me pica. ¿Cierro los ojos? ¿Puedo dodmir con los ojos abiertos? ¿Me das la mano? ¿Mañana voy al cole? ¿Todavía tengo vacaciones? ¿Me quieres mucho mucho o un poquito mucho? Estás muy guapa con los pelos revueltos. ¿Todavía tengo vacaciones? ¿Puedo dodmir dentro de la maleta?

¡Qué bonito llegar a casa después de las vacaciones! Tres semanas el piso cerrado y cuando entras lo primero que piensas no es eso de “Hogar dulce hogar” sino, “Joer, qué calor, ¿a ver si nos dejamos la calefacción encendida?”.


Por supuesto en la nevera no hay nada. Rectifico: hay cosas, pero no son comida. Hay agua, coca-colas, vino blanco, queso rallado, el antifaz relax, la crema de mentol para piernas cansadas, bolsitas de Ketchup del McDonalds, perejil ya casi liofilizado… los típicos ingredientes de la dieta mediterránea.

Cuando nos levantamos al día siguiente, domingo para más señas, puedes: a) bajar a desayunar a la calle, b) desayunar un vino blanco con mentol… como la segunda opción no es válida, pero Juan no se ha despertado así que elegimos el plan c): alguien sale a comprar desayuno para traer a casa.

Echamos a suertes quien… me toca. Camino en círculos concéntricos alrededor de mi casa, cada vez de radio mayor, durante unos 25 minutos hasta encontrar un antro, perdón, una tienda, donde comprar algo para desayunar. Visto lo que consigo, la idea del vino blanco con mentol ya no me parece tan descabellada.


Y luego viene lo mejor, deshacer la maleta, separar lo sucio de lo limpio (al final, por ahorrarme este trabajo tan gratificante, todo a lavar), poner lavadoras, tenderlas, planchar…

―Mami, ¿vamos al parque? ¿Todavía tengo vacaciones? ¿Puedo poner la tele? ¿Puedo jugar a los choques? ¿todavía tengo vacaciones? ¿Están mis amigos en el parque? ¡Lo vemos, lo vemos, lo vemos? Por favod

Me rindo. Todos a la calle: parque, comer en una terraza, cafecito… Esta noche ya haremos todo lo que se quedó por hacer. Para colmo, como somos de apurar las vacaciones lo más posible, el lunes trabajábamos Olé mis narices.

El lado bueno de volver de vacaciones es…es… ¡Mierda! Definitivamente, no hay lado bueno.




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