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Las críticas cítricas

Maruja Limón

Macho alfa

No, no voy a hablar de Aznar, ni de Nacho Vidal ni siquiera de Homer Simpson: lo he puesto en el titular porque, últimamente, está en boca de todos, y el que no pone un macho alfa en el titular lo cuela de rondón en el texto.

―No sé de qué hablas, Maru. Las tardes de tertulia en el chiringuito te han dejado las meninges a la remanguillé.

Santiago, que anteayer aún creía que macho alfa es un tipo de comida para sementales…

―Alfa más alfa, alfa al cuadradoL alfalfa.


… y no lo que en verdad eso: el individuo en la comunidad a quien los otros siguen. Claro que lo que pocos proclaman es que también hay hembras alfa, como queda demostrado en el reportaje que ¡Hola! dedica a la Duquesa de Alba¸ pronto Duquesa de Alfa, tan chula ella en su casa ibicenca, orgullosa quizá porque ―nos dicen― la revista Vanity Fair la incluye en su lista de mujeres mejor vestidas del mundo. Que anda que no hay que tenerlos bien puestos para aseverar cosa semejante, brase visto, pordiosanto.

«La duquesa hippy» la llama el ¡Hola!, nominación que me anima a consultar el diccionario:

hippie o hippy. (Voz ingl.).
1. adj. Se dice del movimiento contracultural juvenil surgido en los Estados Unidos de América en la década de 1960 y caracterizado por su pacifismo y su actitud inconformista hacia las estructuras sociales vigentes.
2. com. Partidario o simpatizante de este movimiento, o que adopta alguna de las actividades que le son propias.

Que no digo yo que doña Cayetana no adopte alguna de las actividades que le son propias a ese movimiento, aunque he de añadir que con el dinero, las fincas y los faldomengos que ella atesora se hubiera podido vestir y hubiera podido vivir holgadamente el flower power del mundo entero. Pero, en fin.


Por cierto, que en la entrevista hay algo inquietante, una frase de la noble: «Yo traje a Jesús a esta isla». No, tranquilos, no se trata de Jesús el Mesías sino de uno de sus maridos, el segundo, así que exageran quienes dicen ya que la de Alba fue la artífice del segundo advenimiento.

La revista dedica también unas cuantas páginas a la boda de Julio Iglesias. «Exclusiva mundial», presume, aunque no oigo yo el rugir de la bolsa rosa con brokers del corazón pujando por el material.

―Niños, no os asustéis, lo de vuestra madre es síndrome posvacacional.
―Y vosotros, cuidadito con cargar nuestra agenda, que hemos leído que los padres deben orientar, nunca imponer, las actividades extraescolares a sus hijos, y que la formación complementaria forzada puede llegar a volverse en contra.

Joer, con el bachiller.

El caso es que Miranda logró atar, y atar bien, a Julio. Y Julio consiguió que tres curas, tres, concelebraran el bodorrio, que era íntimo y se celebró en la capilla de su finca. Y ambos, Julio y Miranda quisieron que en la ceremonia y en las fotos, además de sus hijos (pero, ¿puede casarse por la Iglesia un señor que ya estuvo casado por la Iglesia y ha tenido después cinco hijos fuera de la sacrosanta institución matrimonial? Respuesta: Sí, puede), estuviera toda su servidumbre, que luce orgullosa y pulcra en las fotos. Falta saber cómo es posible que necesiten no menos de 13 personas (son las que se muestran en la imagen) de servicio (tocan casi a dos por cabeza) y que la mayoría del personal sea mulato… No me llamen racista, al menos aún no: lo mío es cálculo de probabilidades, porque la cosa ocurrió en España, no en el casoplón dominicano del cantante que maúlla.

Para la posteridad queda esa foto, todo naturalidad, en la que Miranda lanza el ramo de novia y 10 mujeres vestidas de blanco unánime levantan las manos, en lo que no se sabe si es el preludio de un atraco o un ejercicio gimnástico en busca de un futuro mejor.

Aprovecho para subrayar que ¡Hola!, cuando no saca al Iglesias fetén, saca a Isabel Preysler. Y que cuando los seniors dan muestras de hartazgo o de agotamiento, recurren a ese celemín de niños que ambos han dejado al mundo juntos o por separado, suficientes en todo caso para llenar el book de la agenda de pijos más exigente. Son el origen y sus spin offs… y tienen cuerda para rato.

―¿Rodrigo?

Haré como si no hubiera oído nada.


A la portada de Diez minutos  se asoman los pezoncillos enhiestos de Fran Rivera, que está que empitona. Resulta que su último ligue le ha salido rana: al primer arrumaco se ha ido corriendo (ustedes me entienden) a los estudios televisivos para contarlo con pelos y señales. Mal rollo. A la aspirante a Belén Esteban sólo le ha faltado añadir lo que dice Aída Gómez: «No he encontrado al hombre de mi vida para ser madre».

―Si es lo que queréis todas, sustituir a nuestras madres.

Leyendo la mentada publicación me he enterado, además, de que Jorge Javier Vázquez es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona, para que luego digan que las carreras de letras no tienen futuro.

«Belén Esteban es la nueva musa del neorrealismo de televisión», dice. Yo es que leo «Belén Esteban» y «musa» en la misma frase y me da la risa. A mí, y a Gala la de Dalí, y a Beatriz la de Dante, a todas. En cuanto a lo del neorrealismo, convocaré una sesión de güija…

―¿Dani?

… para que Roberto Rossellini y Vittorio De Sica me den su opinión.

También he sido informada de que trabajó en la revista Pronto, que es el nombre que le ha puesto a su perro. Lo que no aclara es si el próximo can se llamará El programa de Ana Rosa.

El juego de palabras de la semana, el de Susanna Griso en Semana: «No me miro mucho en el espejo». Es lo que tiene disponer de un título de programa multiusos, también podría haber dicho «No soy de dominio público» o afirmación similar, igualmente inane.
Por último. Confieso que, leyendo las revistas, he tenido un momento de éxtasis. He leído en Diez minutos: «Rania de Jordania sopla 40 velas», he unido Rania y velas y he creído que no le quedaba ni un duro. «No será verdad», he pensado. Y efectivamente, no lo era.

―A mí esa Rania me la sopla.

Hemos vuelto de vacaciones como nuevos, pero nos parecemos sospechosamente a los de antes. Bien hallados.




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