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Pantumaca

Sara Orúe

Continuará


Estoy preparando la cena de Juan. Es el ratito, entre el baño y la cena cuando él ve en la tele dibujos animados: Bob Esponja, Spiderman, Gormiti, Código Lyoko (los que no saben de qué hablo  no tienen hijos,  no tienen tele o no tienen ninguna de las dos cosas).
 
Desde mi puesto de mando entre la vitrocerámica y la nevera, oigo en la televisión que se acerca el fin del capítulo y, una voz en off muy seria dice “Continuará”. Al instante mi hijo comienza a partirse el pecho, ríe de esa manera que tienen los niños que siempre termina en hipo. Viene a la cocina todavía entre risas:

―Mami, ¡la tele es TAN tonta!, dice continuará y se terminan los dibujos.

Este pequeño promete. Es una delicia ver cómo la mente de los niños se va abriendo cada día y ellos entienden más cosas, interpretan, tienen sentido del humor. Lo de saber ya que la tele es tonta, también tiene su qué.

Ese capítulo concretamente lo habíamos visto, no sé, unos dos millones de veces.

―Exageras.

Probablemente. Quizá sólo lo hayamos visto millón y medio de veces. Y nunca hasta el otro día le había chocado lo del “Continuará”

(Hago un inciso. Nunca he soportado el “Continuará” ni en los tebeos de niña, ni en las series, ni en nada. Odio que me dejen a medias ―sí, sí, también en otros aspectos de mi vida de adulta― y tener que esperar una semana, un verano, un año, para ver como termina la historia. Final del inciso.)


Me alucina que los niños puedan ver, y disfrutar, una y otra vez de la misma peli, el mismo cuento, el mismo chiste, la misma broma… Juan, gran aficionado a la Pantera Rosa (el león de fresa como él le llama), se sabe de memoria muchas de sus historietas:

―Mira mami, ahora el mosquito le dispara con la pistola y el león de fresa le coge de las alas y le da una patada en el culete y entonces el mosquito rompe el cristal y pica al león de fresa en la nariz y el león le enchufa la manguera de agua y el mosquito tiene el pico arrugado y fin.

Me lo cuenta, pero se queda hasta el final pegado a la pantalla para verlo. Y se ríe, siempre, de todos y cada uno de los gagas, a veces antes de que pasen.

Los cuentos son otro cantar.

―Mami, ¿me cuentas el cuento del patito feo?
―Claro. Esto era Mamá Pata que tenía 6 huevos, 5 se abrieron y salieron unos preciosos patitos amarillos muy bonitos, pero el…
―Así no es. Es “cinco se abrieron y salieron cinco preciosos patitos amarillos, muy chiquitos y muy bonitos”.

Se lo sabe de memoria, ay de ti como cambies las palabras de orden.

Ahora Juan está más que ilusionado con lo de las vacaciones.

―Mami, ¿cuándo nos vamos a la playa? ¿Mañana? ¿Cuánto falta? ¿Nos vamos después de comer? ¿La playa está lejos? ¿Sabremos volver? ¿En vacaciones se hace siesta? Yo no quiero hacer siesta, ¿cuánto falta para irnos? ¿Nos vamos mañana?

Felices vacaciones y hasta la vuelta. Continuará…




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