Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Para los que lloran en las bodas (y ríen también)


El título del artículo no es mío, lo he extraído de la crítica que el Washington Post dedicó a Richard Russo con motivo de la aparición de su última novela de título, El verano mágico en Cape Cod (Alfaguara). Y lo he elegido porque pienso que condensa de una forma bastante sutil el espíritu del libro: esa mirada complacida, no exenta de ironía, sobre lo que creemos ser y lo que la educación, y sobre todo nuestro mundo familiar, han hecho de nosotros; del miedo que tenemos a repetir los esquemas parentales y cómo huyendo de ello provocamos una huida hacia adelante que nos lleva a repetir los mismos o parecidos errores que reprochamos a nuestros padres.

Casi toda la obra de Russo se nutre de los antagonismos que provoca entre sus personajes y ésta nueva novela no es una excepción, cómo en Alto riesgo, aquí se nos plantea un conflicto generacional. En Empire Falls la tensión argumental se creaba entre las distintas clases sociales de una misma comunidad, y en su obra maestra, El puente de los suspiros (Premio Pulitzer en 2002), el conflicto surgía en el choque frontal de dos formas diametralmente opuestas de entender la vida y nuestras relaciones con los demás.

Que Russo es un magnífico narrador es algo que cualquier lector medianamente informado sobre el panorama de la actual literatura norteamericana sabe de antemano, como sabe también que es un extraordinario observador con dotes de entomólogo cuando focaliza su mirada sobre sus personajes, y que siempre huye de la tentación de caricaturizarlos porque posiblemente desde Saroyan, ningún otro escritor americano ha sentido tanto amor por sus personajes como nuestro autor, ni tanto respeto por sus defectos, sus carencias y sus peculiaridades.

El verano mágico en Cape Cod nos narra las peripecias de Jack y Joy treinta años después de que durante su luna de miel en Cape Cod, lugar de sus vacaciones infantiles y ligado a su idea de la auténtica felicidad, firmaran el Gran Tratado de Truro donde proyectaron sus deseos de cómo querían que su vida futura se desarrollase. Da la impresión que lo han conseguido casi todo: Jack dejó su trabajo de guionista mal pagado en Los Ángeles y ahora vive y es profesor de una universidad en la costa Este, tienen una hija estupenda y su vida parece deslizarse por los buenos carriles. Sin embargo, mientras viaja al Cape con intención de esparcir las cenizas de su padre en aquel lugar idílico aprovechando la boda de una amiga de su hija, empieza a cuestionarse si era eso lo que realmente quería. Si su vida, que hasta ese momento consideraba satisfactoria y casi perfecta no es un maldito espejismo. Un año más tarde, con las cenizas de su padre aún en el maletero y esta vez acompañadas de las de su madre, vuelve a retomar el camino de Cape Cod para asistir a otra boda, la de su propia hija. En este espacio de tiempo su vida matrimonial pende de un hilo, el pasado ha vuelto con la fuerza de una marea poderosa inundando un presente que desaparece bajo sus aguas turbulentas, y ya nada es tan perfecto, sencillo y fácil como pensaba.

Una novela que habla con naturalidad del matrimonio y la familia sin temer profundizar en las relaciones interpersonales; que va al fondo del conflicto, alternando situaciones dramáticas con momentos divertidos, todo ello hilado con una prosa fluida y sugerente vertida al castellano con pericia singular por Mariano Antolín Rato y que es la mejor carta de presentación de un autor que nunca defrauda.




Archivo histórico