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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Lapidad@s

Respiro el árido desierto. Lo noto penetrar el estupor inicial de mi cuerpo.
Respiro una vez más y luego... el vacío.


 

"La presión internacional deja en suspenso la lapidación de una mujer condenada por adulterio"
11 de Junio 2010

El nombre de la mujer es Sakineh Mohammadi... Sin embargo no es el único. Ha habido más y sigue habiendo más nombres. Nombres de mujeres y hombres condenados a muerte por lapidación. Me pregunto cómo es posible que algo así pueda suceder. Condenar a muerte y además con tortura, con premeditación de la dosis de sufrimiento aplicado, con cálculo, con la implicación de los supuestos "ciudadanos inocentes", "libres de crimen", "libres de culpa".

¿Será posible que alguna vez todo esto quede atrás? Como una reminiscencia de tiempos salvajes, inhumanos, tiempos carentes de cultura, de educación, de conocimiento, carentes de respeto por la vida del otro, por su libertad, por su dignidad, por su valor intrínseco.
Es extraño pensar que mientras yo me despierto por la mañana y me siento relativamente libre para hacer o deshacer a mi antojo la cotidianidad de mi día a día, ella o él son enterrados hasta el pecho. Mientras yo me percibo a mí misma libre para pensar, para sentir, para elegir dentro de un orden o una secuencia de actos respaldados por una conciencia propia y social del bien y del mal, de lo moral o inmoral, de lo que puede ser neutro, bueno o dañino para el entorno o para los demás, ellos respiran el escaso oxígeno que alcanza a llegar hasta las aperturas de sus fosas nasales, entre el polvo que se levanta de la tierra arenosa que tantas veces han pisado y que ahora les mantiene presos de un destino brutal, trágico, cruel, inhumano, enajenado. 
Me despierto, me desperezo, me levanto y si quiero camino por el pasillo desnuda, si prefiero podría ir vestida de pies a cabeza o envuelta en mantas o vestida con una túnica romana, un kimono, un pareo, una máscara, un antifaz... podría despertarme y quedarme en la cama. También, podría mirar directamente y a los ojos, a los hombres y mujeres que estuviesen cerca, podría dirigirme a ellos, podría sonreír ampliamente, hacer muecas, enfadarme, incluso llegar a lanzar la voz un poco... Alzar la voz como parte de una conversación apasionada, un debate, una charla... incluso podría discutir libremente siempre que mostrara respeto, tolerancia, comprensión, empatía... hacia el otro. Hacia los otros.
Podría después salir a la calle y caminar... Sola y tranquila. Acelerada o ralentizando los pasos. Podría mover la cadera o ser recia, podría correr, saltar, bailar... Podría encontrarme con alguien o ser encontrada, podría saludar, dar la mano, dar un beso, dos, tres... dar un abrazo. Podría gustarme alguien y podría enamorarme. Podría ser infiel o podría ser fiel. Podría no ser ni fiel, ni infiel, podría ser amante o novia o compañera o esposa o amiga... Podría ser todas esas cosas y podría ser ninguna de ellas, o podría ser y hacer alguna cosa completamente diferente. Podría hacer cosas más profundas, más tontas o más inteligentes. Podría crear cosas importantes o superfluas, podría hacer cambios en mí y en todo lo que me rodea, podría buscar la mejor manera de expresar lo que soy o lo que quiero ser y podría conseguirlo. Podría avanzar hacia horizontes nuevos. Podría decidir, elegir. Puedo decidir, elegir, optar por hablar o por callar, ser de un modo o de otro. Puedo ser mujer, hombre, incluso puedo ser mujer y hombre. Puedo simplemente ser. Ser en libertad. Mientras la primera piedra golpea sus rostros.  Y desde esa libertad que yo tengo, podría, puedo no mostrarme indiferente, podría, puedo dar mi voz o mi mano, mis ideas, mi llanto, mi firmeza, mis ganas de compartir lo que tengo con aquella parte del mundo donde los que gobiernan los países aún anidan sus ansias en lo más oscuro del alma.  

Pequeños Deberes; Imagina que tus deseos pueden cambiar la intensidad de lo que sucede. Imagina también, que tus deseos pueden cambiar la realidad de lo que aun no ha sucedido.




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