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Errata

Evaristo Aguirre

Canin & Magrinyà

No sé qué hago por aquí todavía; el calor no deja ni leer en condiciones; hay que marcharse… estaba dándole vueltas a tonterías de estas cuando llegó la orden de la que manda en este cotarro, Eva, de que esto se paraba hasta septiembre. Pues así sea.


Tengo que dejar constancia de dos libros antes de cerrar, de ahí la curiosa pareja del título. El de Ethan Canin (Michigan, EE.UU., 1960), América, América (traducido por Santiago del Rey y publicado por Salamandra) es una lectura perfecta para las vacaciones, con buena trama e impecable narración. Es una historia contada desde el presente, 2006, que ocurrió a principios de los años setenta. Habla de un embrollo de tintes políticos (son los tiempos de Nixon, de Vietnam…) y de la familia; lo que más engancha es la parte política, pero lo que tiene profundidad, lo que intenta dar un punto de vista sobre el mundo es la parte más familiar: ricos y pobres; padres e hijos; conformismo y ambición; juventud y madurez. Claro que es una novela sobre Estados Unidos (el título, en este caso, no oculta nada), sobre el país que fue cambiando a lo largo de la segunda mitad del siglo XX; se dice que EE.UU. perdió una cierta inocencia con la sucesión de hechos que fue el magnicidio de J.F.K., las trapacerías de Nixon, conocido como Tricky, el desastre de Vietnam. Esta novela es, al menos así la he leído, una forma, una estupenda forma, de contar esa transformación.


Y el libro de Luis Magrinyà (Palma de Mallorca, 1960) también es una buena lectura de verano, ojo, pero tiene otro ADN diferente, tiene el ADN Magrinyà que es un pelín complejo y no estoy seguro de que sea, de entrada, para todos los públicos. Habitación doble (Anagrama) se compone de cuatro relatos que a su vez están compuestos de dos textos más o menos independientes (en el caso del último, la segunda parte es un ensayo sobre las memorias del padre de un asesino en serie americano). La escritura de Magrinyá es sólida, está muy bien compuesta; se podría decir que muy trabajada. Y sus ideas, sus planteamientos son siempre diferentes al resto de su entorno literario, generacional. Habitación doble habla de padres e hijos; habla mucho, creo, de pérdidas, de vidas que van en paralelo, de dolor y de sufrimiento; habla también de perplejidades y de incertidumbres. Los personajes son, como en el resto de la obra de este escritor, complejos en el sentido vital; son complejos como creación literaria, sí, pero serían complejos (debería decir raros) si los conociéramos en una cena o en una comida (hay varias en el libro, y muy bien contadas). Magrinyà (y es una impresión que tuve con su novela de 2000 Los dos Luises) no cuenta historias y las coloca en una realidad, no, él quiere contar una realidad y para ello utiliza una historia, unos personajes a los que si tiene que retorcer para que quepan en esa realidad los retuerce; no sé si me explico. Arranqué bien con Habitación doble, pero me empezó a faltar el aire al cabo de unas cuantas páginas; tuve que parar, pensar y volver a ello, y seguí hasta el final bien, disfrutando cada vez más de ese ADN Magrinyà. No es un escritor fácil, no, pero ¿es eso una limitación para los lectores de esta Errata? Claro que no.

A por ellos, a por Canin y Magrinyà. Y nos vemos en septiembre.   

eaguirre@divertinajes.com




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