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Errata

Evaristo Aguirre

De memorias 3


Un tipo de una universidad anda por el mundo, magnetófono en ristre, entrevistando a unas cuantas personas que tuvieron alguna relación, allá por los años setenta del siglo XX, con un escritor que ha muerto, de quien quiere hacer la biografía. Esas conversaciones, con cuatro mujeres y con un hombre, junto a un par de fragmentos de los diarios del escritor conforman Verano, el libro más reciente del surafricano J.M. Coetzee (Mondadori, con traducción de Jordi Fibla).

Pero Verano no es la nueva novela de Coetzee sino la tercera parte de sus memorias y la plantea de esta manera, matándose a sí mismo y poniendo a hablar a otros. No sé si es un truco literario (que desde luego funciona) o una manera de tomar distancia o una forma de ocultarse. Al final, la sensación que deja la lectura de Verano es similar a la de las dos entregas anteriores de memorias, Infancia y Juventud: es la vida de un tipo solitario, con dificultades para relacionarse con los demás, con preocupaciones muy profundas y reiterativas, con una cierta inseguridad, insatisfecho quién sabe porqué.


Las mujeres que hablan de él no lo hacen bien; alguna recuerda al muerto con un barniz de cariño (otras para nada), pero todas destacan al rarito que Coetzee lleva dentro. Y luego está su país y ese sistema social aberrante que fue el Apartheid y esos grupos diferenciados por el origen y el idioma, los afrikáners y los ingleses. A Coetzee parece que le obsesiona; al menos al Coetzee de los años setenta, al hombre todavía joven que acaba de llegar de Inglaterra, que se está buscando (mal) la vida como profesor de inglés, que vive con su padre con quien la relación es fría y extraña, que intenta escribir. Supongo que si has vivido en ese régimen racista y tienes dos neuronas conectadas, es imposible que eso no marque tu vida; y si eres escritor, eso no puede dejar de ser el caldo de cultivo de tu literatura.

El truco utilizado por el autor para contar su vida tiene el efecto de meterte en una novela; estás leyendo el entramado que él te ha puesto delante, con esos personajes que narran sus experiencias en diálogos bien trabajados, pulidos y bien montados (ese es el efecto novela), y te olvidas un poco de que son unas memorias. Pero lo son y Verano es un documento más para conocer mejor a J.M. Coetzee.

eaguirre@divertinajes.com




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