Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Pantumaca

Sara Orúe

El orzuelo


Ayer me levanté con la sensación de que mi ojo derecho era una bola de golf, redonda y pesada. Me picaba y, al cerrarlo, parecía que había más materia de la habitual.

Al mirarme en el espejo del baño casi me da un ataque, ¿Qué es eso que tengo en el párpado superior?

—Un orzuelo.
—Uf, menos mal, pensé que se me había posado un gorrión.
—Exagerada. No eres la primera persona del mundo que tiene un orzuelo. Ni serás la última. Yo mismamente, en la mili, tuve por lo menos tres. 
—¿Simultáneamente?
—No, uno detrás de otro. Es lo que tienen los orzuelos, que van por rachas.
—Espero que este no sea el primero de una saga de orzuelos gloriosos.
—Es grande tu orzuelo, pero ni la mitad que los míos. Además eran muy picosos.
—¿Cómo?
—Que me picaban más que a ti.
—¿Cómo lo sabes si no te he contado cuanto me pica a mí?


Ya estamos. Tío Ra tiene la costumbre de todo el mundo. Si cuentas que tienes un orzuelo, como si cuentas que te has roto un brazo, se te ha picado una muela o tienes hemorroides, siempre alguien te dice que él también lo ha tenido, mucho más grande y peor que el tuyo. Pero da igual, ningún orzuelo ajeno molesta más que el propio.

El caso es que, además de molestar, se ve mucho. Pero mucho. De modo todo el mundo con el que me cruzo tiene que hacer el mismo maldito comentario.

—Tienes un orzuelo.
—Anda, pero si te ha salido un orzuelo.
—Vaya orzuelo que llevas, ¿no?

Tanto es así que estoy por pegarme un cartel que diga «Tengo un orzuelo y lo sé».

Para no ser injusta con la peña diré que, tras el comentario sobre la obviedad (mi párpado superior tiene el volumen de los labios de Esther Cañadas), viene la recomendación. Cada una más científica que la anterior:


—Lo mejor para los orzuelos, pasarte un algodón empapado de manzanilla templada.
—Lo más eficaz, agua destilada con dos gotas de limón.
—Para los orzuelos nada como frotarte con una llave hueca. Si está fría mejor que mejor.

Que yo me pregunto, ¿y si voy a la farmacia  a ver qué me recomiendan? Digo yo que desde los tiempos de Mari Castaña a los que pertenecen esos caserísimos remedios, alguien habrá inventado algo.

Y luego están los agoreros.

—A mi primo Agustín se le enquistó un orzuelo igualito que el tuyo y se lo tuvieron que rajar. Le dieron dos puntos.
—Eso no es nada. Cuatro puntos le dieron una vez a mi padre por un orzuelo infectado.

¿Infectado? Aquí los únicos infectados sois vosotros, por todos los dioses, ¿es que no hay otro tema de conversación?

Así que no es de extrañar que cuando, a última hora de la tarde me llamó mi jefe...

—Oye, ¿sabes que tienes…?
—UN ORZUELO, JODER, TENGO UN ORZUELO. ¿O es que nunca había visto usted uno?
—Te iba a decir que tenías un descuadre de 2.300€ en el balance. Espero que lo busques con la misma energía con la que contestas y que no te vayas a casa sin haberlo encontrado.

Maldito orzuelo.




Archivo histórico