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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Literatura caníbal


Llega a las librerías la segunda obra de este joven autor belga de nombre Bernard Quiriny, un libro de relatos ─catorce en total ─ prologado por Vilá-Matas, que debería convertirse en el éxito del verano. Su título es Cuentos carnívoros (Acantilado), una especie de feria de los horrores donde el escritor potencia lo inverosímil, creando absurdos escenarios a fuerza de retorcer una y otra vez la realidad en sucesivos giros de su llave creativa impregnada de un poético y sutil ingenio que deja igualmente perplejos al lector y a los protagonistas de sus cuentos ante las bizarras situaciones a las que se ven enfrentados haciendo aflorar sus miedos más recónditos y proponiendo los más insólitos desenlaces.

Dueño de una carpintería literaria de primer grado, Quiriny expone, dosifica, distribuye la angustia, el terror, el elemento fantástico de forma magistral y resuelve el misterio dejando en nuestro paladar un inquietante regusto que se prolongará más allá de su lectura.

«Si estos hechos pasmosos son reales, voy a volverme loco; si son imaginarios, ya lo estoy», es el epígrafe de Ambrose Bierce que el autor ha elegido para la presentación de sus relatos y condensa perfectamente su revolucionaria idea. Obviamente no todos alcanzan el mismo nivel de calidad pero todos ellos están por encima de cualquier otra entrega del fantástico que yo haya leído en estos últimos meses.

El primer relato, titulado Sanguina, ya nos coloca en el centro del huracán Quiriny con esa inquietante historia sobre una mujer naranja, joven de magnética e irreal belleza, perdida en el dédalo de las calles de Bruselas y cuya piel oculta un secreto que provoca un deseo irrefrenable.

Otros relatos nos llevan a descubrir los arcanos de una lengua amazónica, el yapu (Quidproquopolis), o el secreto de un obispo en cuyo dormitorio hay dos camas (El Episcopado de Argentina), o a embriagarnos con el significado de una palabra «zveck» (Una borrachera continua). En Unos cuantos escritores todos muertos rinde homenaje a los literatos de segunda fila que nunca alcanzaron la fama y el honor de aparecer en antología alguna: olvidados pequeños autores que rescata del limbo literario en que la posteridad los ha colocado. En Crónicas musicales de Europa y otros lugares rinde tributo de modo admirable a sus compositores preferidos Berliozt, Debussy, Sibelius, Bach, etc., así como a famosas piezas jazzísticas. Una auténtica delicatessen.

Pero el mejor Quiriny, soberbio y fascinante, aparece sobre todo en Recuerdos de un asesino a sueldo y Extraordinario Pierre Gould. Ambos relatos te dejan simplemente atónito.

Para el final dejo mi relato preferido, Cuento carnívoro, una revisitación de la Tienda de los horrores, en la quesu protagonista, un desarrollado y majestuoso ejemplar de Dionaea muscipula, representa algo capaz de ser amado y temido a partes iguales y cuyo desenlace demuestra la pericia de este joven autor belga que espero nos siga sorprendiendo y deleitando con la fuerza de su prosa y su pródiga inspiración.




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