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Las críticas cítricas

Maruja Limón

Maruja is bac

Santiago y yo demos decidido dar un giro copernicano a nuestras vidas. 

―¿Aprendiendo inglés?

No exactamente…

―En cualquier caso, Maru, pero después de todas las semanas que llevas ausente, deberías empezar por justificarte.
―No puedo, MariPepa, porque mis motivos son los de la banca española: estrés, y eso si acaso explica, pero no justifica.
―Así que has faltado reiteradamente a tu cita semanal porque…
―… porque ando muy liada y no tengo tiempo de sentarme a escribir.

Tal cual. La semana pasada, por ejemplo. Tenía las revistas en la mano, el ¡Hola!, sinir más lejos, con lo del cumpleaños de Constantino de Grecia, que de buena se ha librado no siendo rey en los tiempos de drama griego que corren, aunque lo mismo pensarán sus compatriotas, claro que él vive tan pichi y es multimillonario…

―¡Al grano, Maru!

Ni que diera una gallina, tíiitas, titas, titas, titas, mira tú, como Carmen Cervera, qué cosas, ser noble para esto…

―¡¡¡¡Al grano!!!!

Ni divagar en paz la dejan a una. El caso es que tenía la revista en las manos, y al ver a todos estos de la realeza reunidos en Londres para celebrar la onomástica del tal Constantino tras haberlos visto reunidos para celebrar otras fechas memorables, sí, pero PRI-VA-DAS, quiero decir, que no eran citas de Estado…

… al ver eso, pensé que no sería mala idea, de la misma manera que algunos ayuntamientos han abierto botellódromos para concentrar a la chavalería alcoholizada, estaría bien, digo, crear un CELEBRÓDROMO que ubicaríamos en algún punto europeo equidistante de todas las capitales de países monárquicos para que los juerguistas con corona acudieran a celebrar sus cositas sin molestar al personal, y en igualdad de condiciones. Porque siendo la española la única monarquía del sur de Europa, sus desplazamientos al norte, y más al norte aún, nos deben costar un congo.

Lo que es más: propongo no sólo abrir un CELEBRÓDROMO en algún sitio por determinar, pero más allá de los Pirineos y más acá del Canal de la Mancha, y concentrar en el primer sábado de cada mes todos los cumpleaños, santos, aniversarios y demás fiestas inanes. En tiempos de austeridad, queridos monarcas monárquicos, hay que predicar con el ejemplo.

―Vale, eso la semana pasada. ¿Y esta?


Pues aún no repuesta de la foto en la que María José Campanario aparece en la portada de Diez Minutos con una lombarda en la cabeza, y acompañada por el prometedor titular: «Prepara su venganza»; ni de la portada en la que Belén Esteban (¿qué serían la una sin la otra?) aparece montada en un burro psicodélico porque ha estado de vacaciones, lo ha pasado súper bien (¡y quién no, con el pastizal que va a ganar!), y se ha engordado tres kilos (eso es una noticia, y no el ajuste del déficit público), me he centrado en las primeras de Semana y ¡Hola!, que nos ofrecen un evidente caso de estudio socio-social de la prensa cardiaca.


En Semana, que no tiene la entrevista del nacimiento de los mellizos de Luis Alfonso y Margarita, ya saben, esos cuyos destinos a nadie importa, hasta el punto de inopinadamente la canción de Alaska que gays y lesbianas han adoptado como himno, a quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga, yo soy así y así viviré, nunca cambiaré, les viene al pelo… Luis Alfonso y Margarita salen él en mangas de camisa, y ella muy primaveral.


Sin embargo, en ¡Hola!, que presume de exclusiva, que no se por qué presume tanto, quién más iba a pagar por llevar a su portada a esos dos sosos, que son unos sosos, los presenta arreglaos pero informales, él con chaqueta pero sin corbata, ella como más vestida, la niña mayor a la que en otras ocasiones pixelaban la cara a cara descubierta y los recién nacidos con unos faldomengos dignos de la realeza venida a menos.

Cuestión de clases, digo yo.

En cuanto al resto de las ¿informaciones? que aparecen en las publicaciones rosas, sólo destacar las fotos del reportaje de la boda del hijo del presidente de Porcelanosa. Fotos que aparecen en ¡Hola!, claro, que debe ser accionista, y en las que aparece Isabel Preysler acompañada de un señor que podría ser su padre, pero es su marido. La cuestión es que a ella la han retocado tanto que parece que Boyer es un viejo verde y pelín pederasta… por no hablar de que a los cuidadores de la imagen de Isabel, de la que bien podríamos decir que es como el brazo de Santa Teresa de Franco: incorruptible, se les ha ido la mano con el fotoshof: se diría que en algunas imágenes le han despegado la cabeza del cuerpo para retocarla y, al colocarla de nuevo, no han atinado con la posición exacta.

En fin, voy terminando, que en la cocina la vitrocerámica dice que le están saliendo cuatro manchas rojas  muy sospechosas.

―¿Y el giro copernicano?
―Nada, es que hemos cambiado de sitio los muebles del salón.




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