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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

La pasión de escribir

Un buen amigo, y admirador desde siempre de la prolífica escritora americana Joyce Carol Oates, me trajo de Londres una de sus mejores novelas, que yo desconocía,  Missing Mother (La pérdida de una madre) publicada en el año 2005 por Harper y de la que desconozco si existe una traducción española.


Nacida en 1938, esta escritora americana, que cada año aparece en las quinielas del Nobel, ha demostrado con creces a lo largo de su carrera literaria su gran talento de novelista. Enormemente prolífica, casi a novela por año, aparte de sus novelas policíacas escritas con pseudónimo, esta pasión por la escritura ha hecho que su obra esté llena de grandes aciertos y obras memorables, pero también de todo lo contrario.

Su escritura se caracteriza casi siempre por las abundantes dosis de violencia que la cruzan y que desembocan en finales trágicos y sangrientos; por la consistente experiencia vital de sus personajes —casi siempre mujeres—; y la mezcla perfecta de los mejores elementos de la novela gótica y el realismo social  a la imagen de un Faulkner de cuyo estilo es, en ciertos aspectos, heredera.

Y usa esa experiencia de sus protagonistas femeninas para  realizar una exploración sociológica centrada  en la violencia que los hombres y una sociedad cada vez más degradada éticamente  ejerce sobre ellas.

Todas sus anti-heroínas, sean estas prostitutas precoces, hijas celosas o vírgenes despechadas tienden siempre a transformar una historia aparentemente trivial en un tragedia  de tintes clásicos, convirtiéndose en la Medea, la Antígona o la Medusa del medio oeste americano; encarnaciones todas de una pasión atávica: amor, furia, celos, sed de venganza,  o violencia.

Missing mother no escapa a esta regla. Sus protagonistas, Nikki  y su madre Gwen, representan, aunque en una forma invertida, el mito de Demeter y Perséfone. Aquí es la hija rebelde, emancipada,  la que se pregunta quién era realmente su madre cuando ésta  desaparece  repentinamente de su vida.

Todo comienza de la forma acostumbrada en Joyce Carol Oates: un escenario tranquilo, bucólico, en el centro de la América profunda. Cuatro frases anodinas para situarnos en el meollo del dilema entre madre e hija, la rivalidad entre las hermanas, los puntazos de una vieja y amargada tía; resumiendo, todos esos ríos de ira subterránea y heridas mal curadas que conforman la vida de una familia cualquiera.

De repente el asesinato atroz de Gwen, la madre, muerta a cuchilladas, obliga a  Nikki a una búsqueda  dolorosa  su pasado y del porqué de sus malas relaciones con ella en una punzante reflexión  sobre como la ausencia  y el dolor pueden transformarnos de arriba abajo. Ella, convertida en una  punki de gran almacén de pelos violeta, que se creía la antítesis de todo lo que representaba su madre va tomando conciencia  del dolor profundo que siente y del que nunca hubiera imaginado  ser  capaz de  soportar durante tanto tiempo. La novela se transforma así en una especie de lamento continuo por la pérdida de una madre que las contiene a todas.


Sin duda alguna, Missing mother se alza con derecho propio entre las mejores novelas de su autora, como una muestra perfecta de su escritura sangrante y desgarradora, pero esta vez recorrida por un discurso intimista que yo antes no había percibido en su obra.




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