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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Habitar el cuerpo


Te transformas en lo que deseas. Te haces desaparecer, apareces. Te encoges y te amplias después. Estás oprimido y luego te explayas. Entras, sales, entras, huyes, entras, te vas, te escapas, te entumeces, te ablandas, te estiras, te deshaces, te recompones, te entregas, te tensas, te desmenuzas, te alargas, te agrandas, te dimensionas, te enroscas, te evades, te centras, te desgranas, te enervas, te vuelves caliente, frío, húmedo, templado, seco, áspero, suave, deslizante, aterciopelado, lúbrico, ancho, estrecho, diminuto, inmenso, infinito, finito, eterno, efímero, constante. Permaneces y te vuelves luego humo. Fluctúas de un estado a otro, de un lugar a otro, de una expresión a otra, de una imagen a otra, de una impresión a otra que se queda dentro y que no se queda en ninguna parte.
Eres mi cuerpo-sueño. Aquel que pienso que habito pero que es él quién me habita a mí durante esos estados de sueño-realidad. 
Alicia este es tu cuerpo-sueño, este es el que tomas y te toma durante las horas en las que eres esa Alicia un poco diferente, esa Alicia consistente pero sin ninguna materia a la que aferrarse. Una Alicia ligera y a la vez densa. La Alicia que se eleva, la que flota, la que vuela, la que sale de esa habitación permanente, la que hace el amor sin tener forma, la que besa casi pegada al techo, la que se mueve de un modo glutinoso y paulatino. La Alicia que piensa una imagen y la imagen se encarna en el espacio vacío hasta hace apenas nada. Tu cuerpo-sueño te transforma y te transporta, te atraviesa y te abarca. Tú lo invocas sin poner consciencia en ello y él aparece como surgido de un espesor o de una claridad intensa hasta el vértigo.
Descansa Alicia, descansa ahora... Un rato, tan sólo un ratito para que lo que parece real se multiplique y se amplíe como si alguien le pusiera una lupa a la en apariencia real cotidianidad. Una lupa que dilata hasta tal punto los contornos que los hace desaparecer del todo y allí en ese nuevo mundo de sustancia, forma y dimensiones distintas... es tu cuerpo-sueño el que camina por ti, o contigo. Tú estás pero a la vez no estás. Eres más tú que nunca y a la par ello es nuevamente sólo una forma más de lo que tú eres. Descansa Alicia, descansa, cierra los ojos y déjate penetrar por lo ajeno a lo que puede ser racionalizado. Déjate estar así, tan sólo un rato, un rato suspendida en lo que es invisible a las alertas de la vigilia. Te atrapa suavemente un tejido denso y plácido con un olor cercano, conocido, líquido. Te atrapa y te sostiene en el aire, se mete en ti y cobra vida, la vida inmaterial que le pertenece por entero. Es tu cuerpo-sueño al que habitas. El que te habita.


Pequeños Deberes: Intenta recordar dónde estuviste realmente anoche mientras dormías y pensabas que te encontrabas cómodamente tumbado en la cama... ¿Qué hiciste? ¿Qué sentiste? ¿Cómo lo sentiste? ¿Eras tú?

 

 

Fotos:Eva Davidova




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