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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Aperturas

Golpeas suavemente a la puerta. Golpeas, golpeas una vez más... y sucede de repente.
Un resquicio surge de un modo sutil y casi imperceptible al principio, para convertirse en una pequeña apertura después, en una apertura luminosa, en una puerta abierta de nuevo. La puerta se abre... lentamente, y detrás al fin hay sólo luz.

 

 

Aquí estoy!!! Aquí, aquí, aquí... Alicia ¿me oyes?, ¿me ves?, ¿me percibes?
Aquí estoy de nuevo entera y me quiero quedar. He decidido vivir y quedarme más tiempo. Vivir. Vivir. He decidido vivir y estar. ¡Permanecer, perdurar, estar, estar aquí! Alicia, qué feliz soy al saber que me quedo. Me quedo aquí. ¡Sí!


Ahora con la puerta recién abierta me planto allí directamente en el espacio iluminado y respiro con amplitud, extiendo los brazos, las manos, levanto la barbilla, la cara hacia el cielo que también está luminoso y sigo tomando y soltando aire. El aire se introduce en el cuerpo a través de mi nariz y allí se deposita por todas partes ocupando más y más espacio. Estaba todo tan oscuro y ahora hay tanta luz que es totalmente comprensible y lógico que esté deglutiendo aire como si fuese un pez al que acaban de devolver al agua. Ahora puedo volver a moverme con rabia de vivir, ganas, estrépito, dulzura, placer. Zambullirme en la luz con fuerza o con suavidad, según me plazca, según lo desee, según mi espíritu me lleve. Zambullirme, lanzarme una y otra vez, moverme como un cuerpo brillante y vivo, movilizada por un impulso eléctrico innato a la esencia de lo que soy.
Algunas veces todo lo importante, todo lo que luego importa e importará, se decide en unos escasos y prácticamente efímeros segundos. Ser capaz de sostener en la oscuridad viendo sin ver nada más que oscuridad, viendo una imagen clara de lo que deseas, delante de ti, siempre por delante... Una imagen en la que decides creer y esperas, buscas, invocas, tanteas hacia la posibilidad de encontrar una rendija por la que se cuele oxígeno y luz. No ves esa rendija pero confías firmemente en que existe y avanzas de alguna manera aunque parezca que lo haces a ciegas, avanzas, avanzas, avanzas. Y llegas. Allí estás. Allí estoy frente a la puerta y aunque sigo sin verla aún, sí la presiento, la sé reconocer simplemente por instinto. Y entonces algo en mí se endereza, se vuelve más sólido y más real. Algo se agudiza hasta el punto de captar un sesgo de oxígeno y luego un atisbo de luz y.... y allí está la puerta, la apertura. Todo lo demás, todo lo que después sucederá depende de ti y de cómo se irán entretejiendo las circunstancias. Pero, por favor, ahora, justo ahora no te asustes ante lo que podría haber detrás de la puerta, ábrela y quédate en la luz, hasta que otra cosa ocurra. Quédate en la luz el tiempo que haga falta, el tiempo que te sea cedido y déjate atravesar cálidamente por esa amalgama de luz y aire. Y respira. Todo irá bien. Simplemente quédate respirando.


Pequeños Deberes- Si en estos momentos estás en un lugar oscuro y tienes miedo, nótate acompañado y crea, con un minúsculo movimiento de tu mente, una imagen de luz que esté esperándote detrás de la puerta que seguro existe para ti. Y camina. No hace falta que sepas cómo. Estás a salvo.

 

 

 

"--¡Estoy aquí! --gritó Alicia.
Y olvidando, en la emoción del momento, lo mucho que había crecido en los últimos minutos, se puso en pie con tal precipitación que golpeó con el borde de su falda el estrado de los jurados, y todos los miembros del jurado cayeron de cabeza encima de la gente que había debajo, y quedaron allí pataleando y agitándose, y esto le recordó a Alicia intensamente la pecera de peces de colores que ella había volcado sin querer la semana pasada."

Lewis Carroll

 




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