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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Desde el acuario


Fish Tank, la conmovedora película de Andrea Arnold, tras su aire de realismo social ―en la línea toda una tradición del cine británico― se acaba revelando como un trabajo increíblemente estilizado y visualmente lleno de fuerza y dolor.

La directora nos narra el desencuentro vital de Mia (Katie Jarvies, entregada en cuerpo y alma a su personaje), una adolescente impulsiva e insegura que vive con su madre y su hermana en el extrarradio de una gran ciudad. En la descripción áspera que hace la realizadora del choque de la protagonista con un mundo adulto y lleno de falsas apariencias no faltan algunos lugares comunes, pero, gracias a una puesta en escena llena de vigor y creatividad, es posible olvidar cierta tendencia a la metáfora y al simbolismo.

Fish Tank cuenta el tenso descubrimiento de Mia del amor, el desamor, la sexualidad y la mentira ejemplificados en su idolatría por el amante de su egoísta madre y por su deseo de salir de un entorno social desestructurado a través del baile y de la creciente confianza en sí misma. Estamos ante un filme mucho más rico y complejo de lo que aparenta, y que lleva al límite el dolor de la adolescencia y la feminidad en un entorno embrutecido, fruto de la alienación y carente de respuestas. Así, del lirismo pasamos a la desazón como Mia pasa del odio hacia el mundo que la rodea al amor secreto por algunos de sus pobladores. Una historia contada con una mezcla de rapidez y cadencia que hacen de Arnold una realizadora absolutamente personal, más cerca del intimismo de Mike Leigh que de la denuncia de Ken Loach.

Fish Tank nos ofrece uno de los retratos femeninos más intensos y complejos del cine reciente y nos muestra de pasada el choque entre la naturaleza y el cemento, la integridad y la pasión, la necesidad de encontrar un lugar en el mundo y el resentimiento heredado de la ausencia de verdadero afecto. Un filme imprescindible que logra mezclar, casi en una misma secuencia, ternura, crueldad, dureza y humor y que, si bien no logra todos sus objetivos, nos desarma con su ritmo y sinceridad.




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