Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Errata

Evaristo Aguirre

Independencias

Igual mezclo un poco las cosas –creo que no mucho–, pero me acuerdo del bicentenario de la independencia de Estados Unidos, en 1976; me acuerdo de que se hablaba de eso en los Telediarios, en los periódicos; y hasta me acuerdo de un episodio de La casa de la pradera, aquella serie de televisión tan famosa, que trataba del primer centenario de la liberación colonial y de cómo lo vivían (no recuerdo detalles) Charles Ingalls y familia y vecinos. Ahora, me parece que la crisis económica –tan occidental, tan del llamdo primer mundo– y la hecatombe política –tan europea, tan de la UE– no van a dejar mucho espacio en los medios, o en los foros que no sean académicos, para que se hable del bicentenario de las independencias del resto de América. No hay una única fecha, claro, pero en este 2010 (con el permiso de Haití, que echó a andar por sus propios medios en 1804) empieza la conmemoración.


América Latina –sí, ya sé que hablar en general de ese continente implica equivocarse un poco– se enfrenta a estos bicentenarios con un aspecto diferente al que estábamos acostumbrados. No soy experto, pero estos brochazos, creo, no van del todo desencaminados: no hay dictaduras (salvo la dinosaúrica cubana) en la región, las elecciones funcionan; las mujeres están en el poder y muchas lo hacen muy bien (Bachelet en Chile es el modelo); el erial económico de los años 80 (se habló de década perdida) quedó atrás y Europa, Estados Unidos y China se dan codazos para invertir en aquellos, países y meterse en sus economías; los indígenas han tomado la palabra y están diciendo lo que han tenido que callar durante cientos de años. Pero no todo esto es perfecto, evidentemente: ahí está la actitud populista y demagógica de ciertos presidentes, la permanencia de algún conflicto fronterizo, la tozudez sangrienta de ciertas guerrillas… Y para entender un poco de los orígenes de todo esto y para saber algo de aquel proceso de independencia, hay un libro: Naciones de rebeldes, de Manuel Lucena Giraldo (Taurus).


Es un ensayo de doscientas y pocas páginas, bien escrito, abierto a cualquiera, quiero decir a los no expertos o muy leídos sobre la cuestión, y que no deja de plantear ideas, explicaciones y análisis de calado. No es un resumen del periodo, sino una interpretación, pero los hechos están perfectamente relatados y relacionados (vamos, que te enteras de cómo fueron las cosas, con sus batallas y sus asedios y sus reuniones políticas). Es la obra de un tío que se ha tirado todo la vida estudiando esta época y alrededores y que sabe extraer la esencia y exponerla. Parte Lucena de las reformas del siglo XVIII, de su acogida en América; sigue con los efectos de la invasión napoleónica de España, las cortes de Cádiz, el absolutismo fernandino. Y en América, empieza el movimiento que no fue, es obvio, en una única y unánime dirección. No todo fue rebelarse contra la metrópoli, al contrario; ni las luchas fueron de españoles contra americanos; ni los indígenas estaban por principio deseosos de liberarse de las autoridades coloniales; ni todo era republicanismo ni todo liberalismo. Lucena Giraldo lo cuenta muy bien y su ensayo es utilísimo para aquello de remover la historia, ya sea la de hace doscientos años o la de hace setenta.


San Martín (derecha) y Simón Bolívar (izquierda), en Guayaquil (26 de julio de 1822)

eaguirre@divertinajes.com




Archivo histórico