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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

600, o la epopeya del sexo


Morbo, traumas y escatología: el plato está servido en la última novela de Chuck Palahniuk aparecida en España con su título original de Snuff (Mondadori). El cocinero, experto como pocos en la mezcla de todos estos elementos desde su primera novela El club de la lucha no va a dejar indiferente al lector que se atreva a comenzar su lectura.Es marca de la casa.

La historia comienza cuando la neumática, y mundialmente famosa, estrella del porno Cassie Wright, decide filmar una película haciendo el amor (permítaseme el eufemismo) frente a la cámara con seiscientos hombres uno tras otro y en el espacio de veinticuatro horas. Puede que muera en el intento ―la película se titulará precisamente La polla que mató a Cassie Wright―, pero eso son gajes del oficio y a nuestra estrella, una profesional como pocas dispuesta a todo, no es algo que le importe. Con una carrera que incluye títulos tan memorables como El nabo de Oz, Poco ruido y muchas pollas, Los melones de la ira, Las mamadas de Madison County , y su trilogía Primera, Segunda y Tercera Zorra Mundial, la estrella está por encima de cualquier exceso, y un final como ese sería digno de una ópera wagneriana en clave vaginal.

¡Pónganse a la cola caballeros! Seiscientos tíos con la testosterona revolucionada aguardan impacientes para tirarse a la gran zorra Cassie frente a la cámara en la habitación de arriba. En su antebrazo llevan escrito su número de orden coital y todos aspiran a sus minutos de efímera gloria venérea. Todos tienen su historia y sus motivos para estar allí, pero Palahniuk va a focalizar su interés únicamente en tres de ellos: el señor 137, un actor de teleseries en horas bajas con problemas de aceptación personal, homosexual reprimido que quiere casarse con Cassie, retirarla y convertirse en un hombre “normal”. El señor 72, un muchacho que cree ser un hijo de la estrella dado en adopción por ésta cuando nació. También quiere retirarla, pero lo tiene complicado ya que es el referente erótico de todas sus masturbaciones y delirios sexuales. Por último tenemos al señor 600, verdadero motor de la historia que tiene la llave de algún que otro secreto de la porno diva. Pulula por allí también la impagable Sheila, ayudante de Cassie, dispuesta a que este record absoluto llegue a buen puerto. Y están los padres adoptivos del muchacho, el número 72, los malos de la función.

Lo mejor, y lo peor, de Palahniuk se condesa en esta novela, lo que sin duda hará saltar de gozo por igual a sus admiradores y detractores. Apóstol irredento en mostrar todos los excesos y debilidades del ser humano, nunca le han dolido prendas a la hora de ponerse a diseccionar cualquier tipo de patología por mísera que esta fuera. Su motor es la necesidad de mostrar todo lo que se esconde, sacar toda mierda oculta en los armarios de la normalidad aparente y analizarlo clínicamente a la luz de su microscopio personal, tarea que sin embargo puede llevarlo a un punto de no retorno literario en su afán por lograr el más difícil todavía en cada nueva novela.

Insolente, mordaz, franco y sin cortarse un pelo, sus sórdidas historias construidas con frases directas, cinceladas, rotundas son siempre como puñetazos dirigidos al plexo solar del lector Esta vez le toca el turno al mundo del porno americano, una industria que mueve millones de dólares, y lo hace con la misma contundencia que le caracteriza. Políticamente, socialmente, éticamente y todos los “mentes”posibles, incorrecto, el estilo seco y casi mántrico del autor revuelve las aguas fecales de ese mundo con esta desopilante historia que dinamita tabúes como el incesto y la necrofilia entre otros y está aderezada con corridas y flujos vaginales que, por supuesto, no la hacen recomendable a un estómago sensible. Esto hace que me pregunte si Snuff puede ser considerada como una novela lúcidamente repulsiva o simplemente repulsiva, y la verdad es que me cuesta decidir. En todo caso lo que si es cierto es que Palhaniuk, alumno aventajado de Tom Spanbauer, es un autor que fundamenta todas sus novelas en un seria investigación periodística previa – y ésta no es una excepción- lo que les da ese aire de autenticidad indudable que todas poseen.

Algún crítico americano ha descrito a Palhaniuk como un Tom Wolfe pasado por el ácido, el poppers y el speed y la verdad es que no anda tan descaminado, aunque en el futuro nuestro autor tendrá que caminar con mucho cuidado por ese filo de la navaja que para todo escritor representa el peligro de convertir a sus personajes en simples caricaturas.




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