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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Una habitación tapiada


La carrera de Julio Medem ha sido, desde Vacas y La ardilla roja, un progresivo declive hacia la cursilería y la autocomplacencia. Tras el fracaso de su Caótica Ana, el realizador donostiarra se decanta por un esmerado y curioso “ejercicio de estilo” que, nuevamente, echa a perder la personalidad egocéntrica de su director y guionista.

Una habitación en Roma narra el encuentro sexual entre Alba (Elena Anaya) y Natasha (Natasha Yarovenko) en una larga noche de confesiones y erotismo en el que comparten habitación en un hotel en Roma. Como es de imaginar, Medem confía en el talento de sus dos protagonistas ―que dan lo mejor de sí mismas― pero estropea su labor a través de unos diálogos sentenciosos y una propuesta audiovisual que, aun siendo más interesante que la de sus anteriores filmes, acaba resultando chirriante.

Medem posee cierta personalidad cinematográfica y un desparpajo que no sientan demasiado bien a un relato intimista, y tanto las composiciones cuidadas como las referencias histórico-artísticas lejos de resultar impresionantes se nos antojan tan relamidas y sonrojantes como algunas de las frases que pone en la boca de sus dos protagonistas. Una habitación en Roma tiene momentos de fuerza plástica e ingenio en el despojamiento psicológico de sus dos personajes femeninos, pero de nuevo el realizador de Tierra subraya lo evidente y nos dice de antemano que lo que estamos viendo es grandioso introduciendo motivos estéticos dudosos y, sobre todo, una música machacona que lastra los momentos más intensos y logrados de su obra de cámara.

Incapaz de transmitir pasión física ni emoción espiritual, Medem juega, no obstante, con cierta astucia e ironía con algunos elementos como las nuevas tecnologías, Internet y la confusión entre realidad y ficción. Pero nuevamente necesita apuntalar su historia con unas subtramas y motivos surrealistas de dudoso gusto que hacen que lo que podría haber sido una película simpática y fresca se convierta en una muestra más de su tendencia al efectismo y al amaneramiento fílmico.




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