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Errata

Evaristo Aguirre

De uno a otro


Estoy mirando en una parte desordenada de mi librería y me he encontrado con una novela de José Carlos Llop titulada París: Suite 1940 (RBA, 2007). Llop cogió un personaje real y un episodio, también real, de éste y noveló, iluminó ciertas sombras; quizá inventó, quizá dedujo, quizá interpretó. 

El personaje es el escritor César González-Ruano (Madrid, 1903-1965); el episodio, su paso por la cárcel en el París ocupado. González-Ruano, en sus memorias (Mi medio siglo se confiesa a medias), no es del todo claro cuando alude a los motivos de su detención y su estancia en la prisión de Cherche-Midi, pero en el ambiente literario español ha corrido siempre el rumor de que aquello tuvo que ver con trapicheos con joyas y obras de arte y documentación y dinero de judíos que querían escapar de la persecución nazi. Llop tira de este hilo para construir su novela.


Me he puesto a leer los agradecimientos del libro y la bibliografía; aunque es una novela, hay una lista de libros utilizados al final, y entre ellos está Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil (1936-1939), de Andrés Trapiello, un estupendo ensayo publicado por primera vez en 1994 y ahora reeditado, en Destino, muy ampliado. No voy a hablar de este libro, porque ya lo ha hecho (bien, como es costumbre en él) un vecino de estos Divertinajes (aquí), solo les voy a contar que he buscado las referencias a González-Ruano, porque el libro de Trapiello, una vez leído, hay que tenerlo a mano para buscar bondades y maldades de los escritores españoles durante aquellos oscuros tres años. Vamos a Ruano.

Hay una pequeña nota biográfica en la que se hace referencia a lo de la cárcel “a causa de turbios asuntos jamás esclarecidos referidos a pasaportes falsos, divisas y un brillante grande como un riñón”. Del poema que inspiró la temporada a la sombra, dice Trapiello: “el que será tal vez su mejor y más sentido poema”. Y añade para terminar: “Si de alguien puede decirse que el país y su tiempo no favorecieron su mucho talento, es de él”.


Luego, buscando por las páginas de Las armas y las letras, te encuentras con una frase muy buena que Ruano escribe en sus memorias cuando se entera del comienzo de la Guerra (estaba en Italia): “Debo confesar que no imaginé aún lo que iba a ocurrir, porque de haberlo pensado no me habría movido de Roma y de haberlo sabido bien, aquella misma noche habría tratado de acercarme a España”. Ni p’alante ni p’atrás; de Don Tancredo lo califica Trapiello. Se quedó en Roma, claro, donde colaboró en la propaganda fascista (ya había exaltado al Duce y su régimen en las páginas del periódico del que era corresponsal) con un panfleto titulado Spagna, de esos que apestan.

Hace ya bastantes años, JC me habló por primera vez de González-Ruano, y leí un puñado de libros suyos (gracias a que Mapfre fue reeditando muchos) y, además de sus memorias, que me fascinaron, recuerdo buenas lecturas. Me costó más entrar en sus artículos (por los que fue famoso en los años 40 y 50) que me parecen un poco cursis y con un estilo que cansa. Me hace gracia volver, a veces, a echarles un ojo.

eaguirre@divertinajes.com




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