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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

El botón y la muestra


Un ciudadano ejemplar no muestra tanto la crisis y la confusión latentes en la sociedad estadounidense como la existente en su actual industria cinematográfica. Estamos ante la historia de Clyde Shelton (Gerald Butler), un padre de familia que decide tomarse la justicia por su mano cuando los tribunales ―ejemplificados por la presencia altanera del fiscal jefe (Jamie Fox)― no dan respuesta a su sed de venganza.

El thriller urbano de F. Gary Gray está rodado con cierto oficio y solvencia, pero no consigue ocultar una trama cada vez más inverosímil y pretenciosa ni tampoco un trasfondo argumental confuso y de ribetes fascistoides. La psicología de los personajes es increíblemente simplista ―así, no sabemos nada del presunto amor del protagonista por su mujer y su hija― y la película se adentra por los senderos de la truculencia y el policiaco más enrevesado.

La fotografía en tonos sombríos, el ágil montaje y la astuta concepción de los puntos de giro del relato no salvan a Un ciudadano ejemplar de encontrarse entre lo más detestable de la ideología cavernícola y el maniqueísmo que acompañan a un sector del cine de suspense de hoy en día. Los mejores momentos son los tensos enfrentamientos verbales entre Clyde y Nick Rice (salvado por el talento de Fox) y los peores aquellos en los que se visualiza el horror y la inquina sin demasiada justificación.

Un ciudadano ejemplar es un policiaco moralista, ramplón y lleno de humor negro, carente de personajes que se ganen la simpatía del público y narrado con tanta soltura como efectismo. Gary Gray desaprovecha su innegable talento en aras de un espectáculo morboso y poco creíble incluyendo secuencias llenas de sangre y distanciándose del horror sin otra intención que impactar. Sería un entretenimiento, contado con cierto garbo para los amantes del thriller en la línea de Seven o El silencio de los corderos, si no fuera porque tras sus lúgubres escenarios, sus situaciones de horror y tensión y su mirada caústica a algunos valores de la sociedad estadounidense actual, se esconde un mensaje ramplón y poco aceptable para un público mínimamente preparado.




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