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Errata

Evaristo Aguirre

Mastíquese bien

Unos de esos libros que estaban desde siempre en las estanterías de mi casa cuando era pequeño eran dos de Julio Camba; ambos de la editorial Austral; ambos de color amarillo (¿o uno era naranja?). Sus títulos: Aventuras de una peseta y La casa de Lúculo o El arte de comer. Años después, supe quién era aquel Julio Camba (Villanueva de Arosa, 1884-Madrid, 1962), me fue cayendo simpático y me fue gustando leerle. (Por aquí ha pasado una vez y otra, por ahora).


En un momento como el presente en el que el cierre de un restaurante español es noticia de primera plana de la prensa de todo el mundo, en el que todos sabemos más de esto de comer (por la parte de la nutrición, por la de la gastronomía, por la experiencia propia, que hay que ver cómo están de llenos los restaurantes), la lectura de La casa de Lúculo, publicado por primera vez en 1929, es muy curiosa. Con ilustraciones de Miguel Ángel Martín y un prólogo de Eduardo Riestra, la editorial Reino de Cordelia ha puesto en la calle este estupendo libro del periodista Julio Camba, que mudó de anarquista juvenil en maduro afranquistado.

Aunque todo lo que escribió estaba empapado de humor, La casa de Lúculo es un ensayo serio sobre gastronomía. Camba habla del paladar, de diversas teorías alimenticias, de las cocinas nacionales, de alimentos concretos, del vino. Su estilo habitual, suelto, directo, hace que queden esparcidas por allí y por aquí frases y comentarios humorísticos, pero no son sino ayudas al desarrollo del texto. Aunque como en el caso del escorpión, la naturaleza es fuerte, y al final el autor no puede evitar dejar unas “Normas del perfecto invitado”, entre las que se pueden destacar algunas perlas: “Cuando en el restaurante le pase a usted el anfitrión la lista de vinos con el designio evidente de que elija usted el más barato, elija usted el más caro. Así los anfitriones irán aprendiendo a elegir por sí mismos unos vinos pasables”.

El vino. Este libro es de 1929, y para Camba solo existe el vino francés; así eran las cosas. De la misma manera que LA cocina era la francesa. Ante los americanos, del norte, y sus comidas, destaca que con la Ley Seca no se puede comer, pues no se puede beber. Eso sí, cree que la china será una de las cocinas del futuro. Y con el ajo, no puede…

eaguirre@divertinajes.com




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