Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Contracción

Confía, confía... Camina, sigue avanzando


La luz se desliza detrás de la puerta mientras tú, pequeña y trémula, corres siguiendo el rastro de ese último rayo de sol. Pequeña y trémula. Tenías dos años, tal vez apenas tres. Tenías confianza absoluta en que la belleza de las cosas te acompañaría siempre. Siempre. Ni siquiera entendías lo que la palabra siempre significaba, ni eso te importaba. Simplemente, ahora a gatas, buscabas cazar con tus manos de niña-gato, ese último y huidizo rayo de luz. Rayo de luz de sol.
No hay nada más en el Universo. La belleza de todas las cosas. Y tú.
Te quiero mamá, también pensabas. Y luego chillabas; Te quiero. Te quiero... Te quiero.
La querías tanto que los mechones de pelo que asomaban detrás de su pequeña oreja, te parecían tesoros hechos de algún material mágico, brillante y luminoso... semejante a ese rayo que persigues a cuatro patas, ahora. Perseguir, perseguir, perseguir...
¿Acaso alcanzar?
Si te agachas un poquito más, si terminas de pegar tu torso al suelo, tal vez entonces atraparías esa luz deslizante, trepadora... esa luz que se arrastra lánguida por el suelo.
De repente el rayo salta, es como si alguien tirase de él desde arriba. Se sube al alféizar de la ventana. Y se detiene por ahora allí. Qué extraña y novedosa sensación dentro del pechito, entre la suave tripa y las costillas, un poco aplastadas después de todo ese tiempo pegadas al suelo. Ahora tú también te incorporas poco a poco imitando al rayo de sol. Incluso a lo mejor tienes que ponerte sobre las puntas de tus dedos redonditos. Porque el alféizar está lejos, lejos, lejos. Y muyyyyyyyyyyyyyyyy alto. Te estiras, estiras los bracitos y observas. Miras lo que aparece en tu campo de visión. Lo miras de verdad porque todavía, aún, no tienes prejuicios sobre cómo mirar, sobre lo que significa ver, observar, recoger con la mirada. Unas ramas verdes se inclinan suavemente ante tus ojos abiertos como platos, expandidos por todas partes, ávidos y a la vez pacientes, tranquilos, indiferentes ante la novedad que simplemente resulta bella y maravillosa. Gustosa.Y hace más cosquillas aún en la tripa y en los muslos. ¡Cómo de verdes son esas ramas! ¿De dónde saldrán justo ahora? ¿De dónde? El haz de luz permanece todavía allí y te invita al juego de la persecución, iluminando de repente con extrema intensidad el verde de por si luminoso y denso del ramaje. Te acercas obediente a la ventana, así de puntillas como estás y asomas la cabecita un poco más hacia afuera. Se te inundan de luz entonces los cuencos de los ojos. Parpadeas durante unos segundos y sonríes. Luego te ríes. Abres los ojos y los vuelves a cerrar un par de veces, bañada de la alegría del juego. Luz, verde, cosquillas, risa, sonido de tarde, retazos de cielo, de objetos, de calle, de suelo, fuerza contra el suelo de tus deditos clavados con voluntad férrea... luz y belleza de asombro. De repente algo te arranca de ese estar plena en la mecedora de las sensaciones. Es algo que sucede de un modo abrupto, demasiado rápido para que tú lo puedas abarcar, entender de golpe, ver desde una perspectiva amplia. Ni siquiera posees aún esa capacidad. Eres una niña-gato-reptadora-cazadora de rayos de sol-luz... Ese algo que sucede, sin embargo se acelera incluso, se precipita sobre el cristal, atrapa al rayo de luz, lo somete y cae estampado frente a tu mirada, el cuerpo de algo plumoso y oscuro. Un pico de color beis se abre y cierra un par de veces. Un ojo redondo y marrón con una pupila que parece un agujero, se deposita sobre tu mirada y se contrae. La ventana estalla sobre tus pies. Una contracción más y la cabeza del pájaro muerto, cae ladeada. Ahora te contraes tú. Y el calor quemante de tus pies se convierte en sangre. Miras hacia abajo y te dejas llevar por la contracción de lo que antes fue y ya no es.

 

 

"Un sol rojizo llevará de ahora en adelante tus sueños entre sus rayos
Y tú te quemarás a veces, pero seguirás depositando sueños plácidos en esa bola de furia que todo el mundo llama Sol"

 

 

Dibujo- Daniel R.D




Archivo histórico