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Tres tristes relatos

por Rodrigo del Lago*

http://www.rodrigodellago.com/

La fiel 'groupie'


Jamás imaginé que un melómano como yo llegase un día a odiar alguna canción. Hasta que la conocí a ella. Aquella anciana del tercero b logró en un tiempo récord que la antaño respetada discografía de Jorge Negrete taladrase machaconamente mis tímpanos, como una broca sónica, gracias al elevado volumen de un potente equipo y la inestimable capacidad canora de su ídolo. Una fiel groupie que transmutaba su fanatismo en infernales decibelios, siendo primero objeto de mis súplicas, más tarde querellas, hasta mermar mi nómina con el aislamiento del piso, en un inútil intento de acallar las coplas del otrora galansote. El conflicto entre instinto y moral fue solventado por el arbitraje de mis entrañas, que lograron que hiciese desaparecer el suelo del ascensor tras detenerlo en su estruendosa estación. Música celestial fueron entonces los gritos de la vieja emulando al ínclito en su vertiginosa carrera hacia el estrellato.

El préstamo

Cada vez es más grande. Avanza rápido e imparable, convertido ya en una masa informe que repta por mi pierna desgarrando piel y músculos a su paso. Los médicos no salen de su asombro. Obviados los iniciales reparos, observan sin pudor el cambiante contorno de mi huésped mientras cavilan ensimismados en busca de una explicación. Dicen que se trata de un extraordinario caso de teratoma, tumor que empezó por la extremidad en lugar de los órganos sexuales, que es lo habitual. Sin embargo, lo peor es su aterrador contenido, un amasijo de pelo y dientes que los galenos justifican remitiéndose a eruditos tratados de medicina. Pero yo se la verdad, su esencia le delata. Mis escasos veinte años son tan sólo un oscuro préstamo que ahora, como un acreedor desesperado, se cobra con intereses ese hermano gemelo que murió en el parto.

El desencadenante

No soy hombre impresionable. Supongo que esta penosa supervivencia en los despojos de lo que una vez fue la Tierra me han convertido en un tipo frío y desesperanzado. Sin embargo, el contenido del pequeño termo metálico que encontré ayer a varios metros de profundidad, reventó en mi alma los resquicios de asombro que aún me quedaban. En apenas una cuartilla, alguien escribió lo siguiente: La lluvia radiactiva mojó los campos de muerte, convirtiéndose en nieve gracias al descenso de las temperaturas. La luz del sol fue tapada por gigantescas masas de nubes generadas por continuas explosiones de depósitos de gas, petróleo o de centrales nucleares. Como la de mi pueblo, Quintanar del Soto. Nunca imaginé que aquel informatizado dispositivo de control fuese tan sensible al agua. Orinarme en él tan sólo fue una rabieta por un despido injusto. Desconocía la secuencia de interconexión con el resto de centrales del país. Por eso apenas me dio tiempo a pensar verás tú si…




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