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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Inquietud

...Inclinación del ánimo hacia algo


La vida se desliza despacio hacia una especie de final. Resolución de conflicto o conclusión. Exactamente como en una obra de teatro. Exactamente igual. Alicia lo sabe también. Sabe que su historia tendrá un desenlace y patalea enfadada por un trozo más del pastel. Por alargarlo todo un poco más, o al menos, por hacer que se asemeje aunque sea sutilmente a aquello que deseó. Alicia me mira. Su mirada está llena de reproche y de duelo. Me reprocha como si yo pudiese hacer algo para cambiar las cosas a su favor y sin embargo, opto, tomada por una extraña crueldad, por no hacer nada... ¡Ay! Alicia... si yo supiera... si yo pudiera... Si supiera cómo .
Alicia me da la espalda. Se cruza de brazos mirando hacia la pared. Seguro que la pared vacía le revela algún secreto que yo no poseo. Seguro que la pared vacía traza un mapa entre los ojos suplicantes de Alicia y sus deseos. Un mapa trazado con tinta invisible. Un mapa exclusivo para Alicia que yo no tengo el privilegio de ver. El mapa de Alicia. Su pasado escaso. Su presente tan denso, tan variado, tan claro durante segundos y tan opaco en el momento siguiente. Y su futuro. Ese futuro frágil que Alicia piensa que pende de un hilo. Que piensa, convencida de ello, que en algo depende de mí. Alicia así deposita su confianza en mi hacer y en cambio yo no dispongo de ninguna respuesta.
Yo misma miro hacia mi propia pared, hacia la ventana, hacia la puerta. Yo misma miro hacia el espejo y busco algo. Me miro en el espejo y no entiendo ni de dónde he partido ni a dónde llegaré. Me miro detenidamente y ni siquiera sé si lo que veo tiene algún sentido. Alicia se acerca entonces por detrás y se coloca a unos centímetros de mí, tan sólo un paso atrás y de repente me doy cuenta de que en el espejo nos parecemos asombrosamente. Ella se parece a mí... Sí, yo soy la que vino antes, la que estuvo antes... entonces es ella la que ha tomado prestado de mis rasgos y ahora me hace estremecerme de miedo frente al espejo.
Al darse cuenta de que me he asustado Alicia sonríe levemente. Está feliz de saber que no está sola ante lo desconocido. Que mis días, en apariencia, también están contados.
Pero... ¿Quién sabe?
El mundo conocido, ha dejado de serlo tantas y tantas veces a lo largo del tiempo. Lo que parecía inamovible, resultaba ser de otro modo, y a su vez se convertía en lo establecido, en el mundo conocido... para volver a modificarse, a sorprender, a sorprenderse a sí mismo... y siempre dándonos una oportunidad más.
¿Cuál será la siguiente sorpresa?
Tal vez realmente el tiempo se detenga y presente, pasado y futuro se conviertan en una sola vivencia sostenida y vibrante... una sola vivencia que pudiésemos repetir una y mil veces hasta quedar satisfechos, saciados, ahítos... Felices¡!
Por unos segundos, Alicia, que sigue detrás mío frente al espejo, se desvanece, quedando yo sola allí delante del cristal turbio, como si Alicia nunca hubiese existido. Inmediatamente cierro los ojos y los aprieto con fuerza, con furia casi... me concentro, me concentro más aún. Temo abrirlos. Pero lo hago. Temo mirar, pero miro. Y allí está ella.
Respira con suavidad y me mira sin haberse dado cuenta de nada quizás. Aunque algo en su casi imperceptible pero existente agitación, delata aquello de lo que no se puede hablar. Alicia agarra inesperadamente mi brazo y lo aprieta.
Sonríe. Esa sonrisa reflejada me inquieta, pero... ¿qué no resulta inquietante en estos tiempos donde los deseos se hacen realidad de un modo cada vez más rápido?

 

 

Pequeños Deberes- Si pudieras viajar en el tiempo, en tu tiempo, ¿hacia dónde te encaminarías?




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