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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Entre fogones


Una banda sonora impecable, una desbordante humanidad y un indiscutible bagaje audiovisual arropan la última película del realizador turco afincado en Alemania, Fatih Akin.

Soul Kitchen es la historia de la catástrofe personal y laboral de Zinos Kazantzakis (Adam Bousdoukos), un joven griego que regenta, sin demasiado éxito, un restaurante en el corazón de Hamburgo. Sin abandonar sus constantes temáticas ni sus pinceladas de denuncia social, el realizador de Al otro lado cambia totalmente de registro y se embarca, sin muchos complejos, en una comedia frenética.

El restaurante que da título al filme es el escenario donde confluyen el atribulado protagonista —algo diluido en una bonhomía chaplinesca—, su hermano (Moritz Bleibtreu), un presidiario cumpliendo un tercer grado, una mezcolanza de tipos y los espurios intereses de una agencia inmobiliaria. Akin se ríe de forma inteligente de las continúas situaciones de desamparo de un hombre que aspira a formar parte de la clase media alemana, pero siempre fracasa en su empeño, porque ni su carácter, ni su origen ni sus relaciones humanas le ponen fácil el camino hacia el éxito.

Soul Kitchen es un filme agradable de ver gracias a algunas situaciones de comedia logradas, al dominio de Akin de la música de diferentes tiempos y lugares y a algunos chistes audiovisuales más que entrañables frente a otros que chirrían y acercan peligrosamente el filme a la comedieta y la astracanada. El realizador parece habérselo pasado en grande abandonando el tono grave de sus anteriores largos en favor de una sátira social desenfadada, una comedia llena de situaciones disparatadas que, no obstante, siempre apuntan hacia un trasfondo social amargo.

Soul Kitchen demuestra de nuevo que Akin es un hábil montador, un realizador vigoroso y un narrador eficaz, aunque en el guión de su comedia coral fallen tanto el papel dado a las mujeres como la brocha gorda con la que quedan retratados muchos de los personajes secundarios. Una película hecha para reír, trazada con ingenio, alguna trampa y unos materiales temáticos que bien pudieran ser el origen de una tragedia descorazonadora.




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