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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Radiación

"La radiación, es la manera que encuentran de propagar sus partículas y su energía los sueños, que quieren tomar forma en nuestra realidad".


 Alicia está recostada entre los brazos del sillón, que ella coloca siempre enfrente de la gran ventana que da a la calle. Una tela blanca con dibujos de pájaros negros, cubre el sillón de cuero, color marfil, volviéndolo así más cómodo, más incitador a la hora de buscar refugio. La ciudad que hay al otro lado de la ventana se percibe rápida y fresca, un poco gris, un poco fragmentada, un poco borrosa.
Cuanto más borrosas se tornan las imágenes visibles de la ciudad, más nítido se vuelve lo que nace invisible detrás de los párpados cerrados de Alicia, que al dormirse, ha caído lentamente, atrapada por los sueños que tiran de ella hacia abajo con firme insistencia. 

Entro en el silencio. Entro en el olvido. Entro donde la luz se pierde. Entro rápido. Entro despacio. Camino. Avanzo. Voy en progresión. Entro. Entro. Te sigo. Siempre te he seguido mi amor. Siempre. Todo está oscuro, infructuoso, tibio. Tibio. Tibio. Húmedo de tanta contención. Irradias ondas cálidas. A tu paso se calienta la nieve. Mirada de perro, la tuya... mirada de liebre que se esconde. Donde vas tú, allí voy yo. Donde tú andes, por allí pisaré sin miedo. Así que entro. Te sigo. Te sigo y entro en el profundo silencio desconocido. Pero no hay desconcierto. No hay incertidumbre. Porque estoy segura detrás tuyo. Estoy en un lugar conocido. Conocido y seguro. Detrás de ti. Entro. Tus manos se ofrecen a mi cuerpo y yo entro. Tus manos indican el camino y yo te sigo. Qué bien se está sin miedo. Qué bien se está con los ojos vendados en la oscuridad en la que he entrado.

En el camino te detienes por unos instantes y retiras la tela que cubría mis ojos. Miro y lo que veo no me sorprende. Todo es reconocible si estás tú. Irradias ondas magnéticas. Yo las veo. Fluctúan en una gama de colores dorados. Se diseminan a tu alrededor y me alcanzan levemente. Entro. Entro. Entro. Te sigo. Irradias la libidinosa, incesante actividad de tu psique. Irradias un impulso carnal sostenido. También la posibilidad de la ausencia de lo corpóreo. Irradias la ausencia de ansia, la ausencia de inquietud, la ausencia de congestión. Eres, estás en movimiento. Tan lento tu movimiento, que parece casi detenido ahora, pero no lo está. Te mueves. Fluyes despacio en la dirección del movimiento vital. Es seguro estar detrás de ti. Entro. Entro. Entro una vez más. Irradias la luz, la sombra, la tiniebla. 

Una mano en el
rostro. Un tibio
beso. Un acierto
Un día extraño
Una luz hacia la
salida
Estoy aquí y
estoy viva. Aún
Aún. Aún viva

Alicia sigue dormida, pero el sueño se ha hecho muy tenue, apenas perceptible... Sucede en algún lugar del inconsciente, donde ni siquiera lo que de él permanece, es registrado. Alicia duerme frente a la ventana, pero fuera algo ha mutado. La ciudad se ha diluido, ha desaparecido toda su estructura, todo su contorno... Y sólo hay materia latente. Materia orgánica de la que están entretejidos los sueños. 


Pequeños Deberes- Intenta atrapar justo ese preciso momento de realidad que sucede entre la certeza que provoca la vigilia y la incertidumbre que surge por la pérdida de los argumentos conscientes cuando quedamos dormidos. Si lo atrapas... Si atrapas ese momento, haz con él algo nuevo. ¿Cómo es la imagen que aparece?




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