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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Bodrum - Datça - Ölü Deniz

OTROS DESTINOS

 

Nos levantamos temprano y cruzamos la pequeña calle-carretera para darnos un baño. En la playa, de piedras y bastante sucia, estaban montando las sombrillas y las hamacas.


Puesto de esponjas en el puerto de Bodrum

Bajamos todo al coche (cuyo cuentakilómetros marcaba 1.605) y cuando fuimos a desayunar ya estaban recogiendo el bufet (cerraba a las 9:30 y eran las 9:40). Muerta de hambre y fastidiada por el fracaso de alojamiento, entré en las cocinas y pedí que nos dieran algo de desayunar. Cocineros y camareros se pasaron el muerto de unos a otros hasta que uno me acompañó a recepción, donde expliqué que la noche antes habíamos llegado bastante tarde y habíamos entendido mal el horario. Nos prepararon un par de desayunos turcos bien cumplidos.No sin dificultades, volvimos a Bodrum y aparcamos en el paseo marítimo.


Escudo - Castillo de San Pedro - Bodrum

No sin dificultades, volvimos a Bodrum y aparcamos en el paseo marítimo. Dimos una vuelta contemplando las goletas que ofrecían paseos y nos acercamos al museo de tesoros submarinos instalado en el castillo levantado sobre las ruinas del que allí mismo erigieran los caballeros de San Juan en el siglo XV (entrada: 10 YL + 5 YL de una de las cámaras), el Castillo de San Pedro.

El amable director, previamente arqueólogo submarino, insistió en saludarnos, lo que nos llevó hasta lo más alto del complejo. En su despacho nos presentó al director del Museo de Arqueología de Antalya y a su mujer, y a un becario que fue quien se encargó de  enseñarnos todos los tesoros submarinos que encierra el Museo. Con él anduvimos las salas principales, y luego, ya solas, volvimos a ver el interior de la Torre española, donde se encuentre una colección de ánforas de diferentes épocas.


---------Réplica de un barco hundido en el siglo XIV - Restos de una nave bizntina-fatimí hundida en 1025-------- Castillo de San Pedro - Bodrum


Pecios expuestos en el Castillo de San Pedro - Bodrum


Bodrum

De vuelta hacia el coche, todos los camareros trataban de convencernos de que el suyo era el mejor de los restaurantes; al final nos dejamos convencer por uno de los últimos. Pagamos 70 YL por comer de tapas: ensalada de pulpo (tentáculos pelados en aceite), yogur especiado, boquerones en aceite, cerveza, agua, un par de cafés con hielo y té.


Coche camuflado (cartón pintado) de la policía

Salimos huyendo del pueblo que presume de tener la discoteca más grande y animada de Turquía con la intención de tratar de evitar otra mole turística, Marmaris, y alojarnos en Datça.

Pasada Mugla, a la altura de Akçapnar, la carretera nos brindó una espléndida vista de la bahía de Gökova, paramos en un restaurante panorámico, el único que había, y aprovechamos su conexión a Internet para revisar el correo.

Oscurecía cuando nos adentramos en la península de Datça. Llevábamos rodados por ella unos 30 km cuando un camping-caravaning nos pareció el sitio ideal para pasar la noche. Habíamos recorrido 223 kilómetros. Un par de caravanas italianas que iban delante de nosotras también entraron, ellos para la zona de caravanas, nosotros para la de bungalows. El portero sólo hablaba turco y no hacía el más mínimo esfuerzo por entender, nos salvó que en ese momento salía una americana que hablaba turco e inglés. Cogimos una casita de dos habitaciones (una con aire acondicionado), cocina (sin electrodomésticos) y baño, para un par de noches (180 YL).

Lo primero que hicimos fue darnos un baño (el camping ocupaba toda la bahía), lo segundo lavar ropa y lo tercero acercarnos al restaurante, que estaba en el otro extremo de la playa, para cenar. Nos dieron una mesa al borde de la terraza, justo frente al embarcadero de madera. Algunos de los clientes eran los viajeros de yates cobijados en la bahía. Cenamos una cacerola otomana (trozos de cordero con tomate, cebolla, pimiento…).


Camping en la Península de Datça

Madrugamos para desayunar en Datça antes de coger un barco que nos llevara a explorar la costa. Dudamos entre dirigirnos a Orhaniye o a Knidos, elegimos el primer destino (35 YL, comida incluida) y creo que fue una mala elección; si tuviera la oportunidad de pasar otro día en barco no sería en Datça, más adelante encontramos lugares en los que ofrecían paseos mucho más interesantes.


Fueron un montón de horas (de 9:30 a 19:00) para 4 ó 5 baños. En Orhaniye nos dieron la comida en el barco: una dorada con tomate y pepino, una cerveza y una coca-cola. La mayoría de la gente, todos turistas turcos, llevaba la comida de casa, y prácticamente todos lo mismo: bocadillos de carne picada y ensaladas de tomate, pepino y perejil que cortaban allí mismo.

Lo de Orhaniye parecía una procesión: mucha gente caminaba por lo que se supone era un banco de arena que ayudaba a encontrarse a dos amantes originarios uno de cada orilla, de dos pueblos enemigos, hasta que un día la elevación despareció y la chica que transitaba por ella cada noche para ver a su amado se ahogó. El camino que pisamos nosotras era de piedra (como todas las playas) y la estatua de cemento de la ahogada, patética.


Orhaniye

El solarium de la parte superior del barco, organizado con colchonetas, lo utilizamos únicamente para secarnos después de cada uno de los baños en el agua más azul marino que haya visto jamás.


Egeo

Cuando pasadas las siete nos acercamos a puerto, numerosos bañistas aprovechaban el viento para hacer surf (con una especie de paracaídas) y dedicaron varios saltos al respetable de nuestro barco que les respondió con merecidos aplausos. En algunos momentos parecía que iban a chocar con el barco, pero en el último momento lograban girar y elevarse.

Como me había quedado con las ganas (y la duda) de ir a Knidos, me empeñé en cruzar la peninsulilla por carretera, unos 30 km. Al poco, la vía comenzó a estrecharse y a llenarse de baches lo que nos hizo suponer que era una tontería aventurarse por aquel camino. A menos de un kilómetro de Knidos dimos la vuelta. A pesar de lo montañoso del terreno, las vistas no resultaban demasiado espectaculares y la costa se ofrecía tan sosa como la que habíamos estado viendo desde el barco: suaves caídas al mar, sin acantilados, con pequeñas bahías de piedra. En el camino dejamos dos o tres aldeas, aparentemente animadas por los veraneantes autóctonos y por mujeres sentadas, algunas directamente en el suelo, a la puerta de las casas tejiendo, hablando o desgranando quién sabe qué.


Camping - Datça

Tras nuestro matutino baño de rigor —sólo unos metros de pinar, un seto y una playa de piedras separaban nuestra cama de las oscuras aguas del Egeo—, recogimos el equipaje y nos fuimos a desayunar al restaurante del embarcadero. Vimos que desde un poco más allá, donde en pleno camping había una franquicia de Burguer King instalada en un camión, también salían barcos de excursión.

A las 9:30 nos pusimos en carretera con 1.950 km en el cuentakilómetros.

En Marmaris entramos en un enorme supermercado, compramos algunas cosas que necesitábamos y piña cortada que nos alegró bastante el desplazamiento de la tarde. Hacía un calor sofocante.

Cambiamos dinero y, siguiendo las indicaciones hacia el puerto, nos metimos por el bazar, como todos, con los dependientes a la puerta intentando atraernos al interior de sus tiendas para enseñarnos, en este caso, prendas de cuero. En el puerto, un pequeño barrio de casas encaladas con ventanas perfiladas de azul recuerda que allí habitaron griegos. Sus amarres estaban copados por barcos de recreo. La mayoría de los turistas eran rusos.

De nuevo entre pinares, atrás quedaba el Egeo, avanzamos hacia tierras lícias y desconcertantes (los indicadores de carretera son bastante confusos), y alcanzamos Daylan. Un pueblo de veraneo a orillas de un transitado río en medio de una llamativa vegetación y con tumbas excavadas en la roca de la orilla que se enfrenta al embarcadero. Comimos en una terraza a la vera del río entretenidas con la tortuga del local (el dueño tiraba continuamente al río trozos de pollo congelado y de vez en cuando una tortuga caguama –protegidas en la zona- se acercaba a cogerlos) y las pequeñas embarcaciones cargadas de turistas que entraban y salían del pueblo.


Daylan

No nos quedamos a dormir, pero es un lugar a tener en cuenta: amén de las bondades de la aldea, cuenta con un avistadero de tortugas en la playa (por la mañana y al atardecer) y baños de lodo a pocos kilómetros río arriba.

Después de comer (Adana Kebap, especiado, y Urfa kebap, no especiado) nos fuimos en coche a la playa de las tortugas (Playa Tortuga, Iztuzu Plaji), a 15 km del pueblo.


Tumbas licias - Fethiye

Como de costumbre, para bajar a la playa tuvimos que subir empinadas pendientes entre pinos, y pagar la entrada disfrazada de parking. La playa, de varios kilómetros de piedras, estaba abarrotada de familias haciendo picnic, mujeres vestidas "a lo teletubi" (hacen furor el azul y el rosa, también el malva), y pandillas jugando con balones en el agua. Nos cambiamos en el coche, no sin dificultades, y nos dimos un par de baños. Notamos el cambio de mar: ya no era la refrescante agua del Egeo, sino el caldo gratificante, pero no tanto, del Mediterráneo. Lo que realmente nos refrescó fue una concurrida ducha en el aparcamiento.

Muertas de calor y con ganas de aposentar entramos en Fethiye para ver las tumbas licias esculpidas en las rocas. Una vez más dimos más vueltas que una peonza (no tanto para llegar como para irnos). Las dimos por vistas desde el camino (una calle más de la ciudad). Tomamos una coca-cola, hicimos un par de fotos y seguimos camino.


Camping - Ölü_Deniz

En Ölü Deniz, nuestro destino del día, seguimos la línea de la playa (muy concurrida) y paramos en el primer camping con buena pinta, Sugar Beach; más adelante había un par que tampoco estaban mal (los vimos al día siguiente, cuando, cómo no, llegamos hasta el final de la carretera). Cogimos un bungalow, según el parlanchín recepcionista de lujo, con baño y un pequeño porche en el extremo marítimo de una hilera de casitas de madera. Nos dimos un baño en la playa privada del camping, cuyo fondo era de lodo y piedras y cubría muy poco. Una pareja de catalanes o valencianos chapoteaban con sus dos hijos de pocos años. Nos duchamos, lavamos algo de ropa y pusimos nombre a algunas fotos. Cuando fuimos a cenar al espacioso bar del camping, lleno de enormes cojines, al lado de playa, eran las diez de la noche y la cocina acababa de cerrar, desesperadas pedimos algo, lo que fuera, y nos trajeron un par de bocadillos de lo mismo que desayunamos y desayunaríamos cada día, queso blanco con tomate y pepino, no me acuerdo de si además tomamos ayran o cerveza Efes, nuestras bebidas (agua aparte) en este viaje.

Como cada noche, pusimos nuestros artilugios a cargar y dormimos como lirones. 


Ölü Deniz

Nos levantamos temprano para darnos un baño pero decidimos hacerlo en la playa verdadera, así que cogimos el coche (2.199 km) para salvar el kilómetro más o menos largo que nos separaba de lo que creíamos una superficie de suave arena y resultó ser una inmensidad de cantos rodados de diferentes tamaños.

Muchas familias habían dormido, o seguían haciéndolo, en el coche, algunos se estiraban en la carretera, otros seguían retorcidos, unos sobre otros, en los asientos de los vehículos. No éramos las únicas ni las primeras que se lanzaban al agua a aquellas horas, había quien incluso estaba lanzando hilos de pesca (mucha gente pesca sin caña) entre los bañistas. En la parte central de la inmensa playa había un montón de goletas atracadas que ofrecían excursiones a diferentes puntos (el valle de las mariposas, por ejemplo).

Volvimos al camping, desayunamos, pagamos y tratamos de descifrar el misterio de por qué el extremo de la playa, que cierra con un brazo una especie de lago (en el que se asientan los campings), era de pago, tan de pago que la playa esta separada con una verja. No comprendimos la razón.

La mayoría de las fotos las hizo Eva Orúe; el resto, yo misma.

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El Bósforo y el Cuerno de oro
Bursa - Assos
De Assos a Çesme, pasando por Yenifoça
Çesme – Selçuk – Éfeso – Pamukkale
Pamukkale
Afrodisias, Priene y Mileto
Bodrum, Datça, Ölü Deniz
Letoon, Xantos, Patara, Kas, Üçagiz, Demre, Myra, Olimpos y Phaselis
Antalya - Konya - Uçhisar
Capadocia

OTROS DESTINOS

(Entre paréntesis)


La cadena Starwood acaba de incorporar a sus hoteles españoles y portugueses una carta de Tapas, Pintxos y Petiscos que nos permitirá (a alojados y no alojados) picar algo bajo la extraordinaria cúpula del Palace, en la terraza del Wine Bar del Marqués de Riscal (El Ciego, Álava), en el Panorama Bar del Sheraton Lisboa o en el patio interior del Alfonso XIII de Sevilla... Y admiten sugerencias de los clientes para mejorar, si eso es posible, su surtido de propuestas gastronómicas en miniatura... 




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