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Evaristo Aguirre

Unos críos


“Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”. Así empieza la primera canción –Gloria, una versión de la original de Van Morrison– del primer disco –Horses, de 1975– de Patti Smith. Es un verso de un poema de Smith escrito años antes de saber que se dedicaría al rock, en el tiempo en el que su vida adulta daba sus primeros pasos, cuando por encima de casi todo quería, anhelaba libertad. Es lo que reivindica ese verso –lo dice ella en su libro de memorias Just Kids–: quería ser libre también para asumir sus pecados, sus decisiones, sus errores, sus aciertos.


Una amiga viajó a Estados Unidos y me trajo este libro de Patti Smith, Just Kids (Harper Collins), recién salido a la calle. Patti Smith (Chicago, 1946) llegó a Nueva York en 1967, el verano, lo recuerda ella en estas páginas, en el que murió John Coltrane, en el que Jimi Hendrix quemó en el escenario su guitarra en el festival de Monterrey… y en ese verano, conoció a Robert Mappelthorpe (Nueva York, 1946-Boston, 1987), con quien viviría tres o cuatro intensísimos años, con quien tendría una relación, para siempre, en la que los conceptos más convencionales de amor y de amistad no sirven. De esos tiempos y, sobre todo, de ese vínculo con Mappelthorpe habla Just Kids.

Sin un duro y con todo por hacer, Patti y Robert se conocen, se enamoran, pasan hambre, viven juntos, sueñan, planean sus futuros, exprimen sus presentes, se hacen mayores en las calles de Nueva York, en las habitaciones del Hotel Chelsea, en las mesas del Max’s Kansas City. Ella leía y quería escribir poesía (también dibujaba); él hacía collares y montajes y arte con su vida (antes de descubrir su talento fotográfico). Vivían. Es lo principal de estas memorias: dos personas viviendo y queriéndose. Y en esos años están las bases de las carreras creativas de ambos. Les gustaba ir al Long Island, esa especie de parque de atracciones neoyorquino; de allí, en 1969, es la foto de la portada del libro, y allí están un día sentados, con esas pintas, cuando una pareja mayor se les queda mirando y uno le dice al otro: “Son solo unos críos”, ese “just kids” del título.

Cómo no, hay un desfile de personajes de aquel Nueva York por estas páginas: Andy Warhol, claro, Gerard Malanga, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Sam Shepard –fantástica la manera en que Patti le conoce–, Jim Carroll, Tom Verlaine… Y los escritores: “Gregory hacía listas de libros para que yo los leyera, me decía cuál era el mejor diccionario para tener, me animaba y desafiaba. Gregory Corso, Allen Ginsberg y William Burroughs fueron mis maestros, cada uno pasaba por el lobby del Hotel Chelsea, mi nueva universidad”, escribe Patti Smith.

eaguirre@divertinajes.com




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