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Costa Rica, país de Ticos

por Manuel Cortés Blanco*


Costa Rica destila naturaleza por sus siete costados. Colibríes de diez colores, tucanes de cien colores, quetzales de mil colores. Iguanas, caimanes, perezosos, guacamayos. Tortugas desovando en la arena de sus playas, volcanes que escupen lava al por mayor. Un millón de parques naturales, un billón de especies protegidas, un ejemplo para todos. Y el aroma de esa taza de café pintando de arco iris los hogares. ¡Pura vida!

Además del chocolate, el gallo pinto (frijoles con arroz y especias), los casados (plato de casi nada a base de casi todo) y los guaros (una variedad de ron que regala la caña de azúcar), Costa Rica es el país de los ticos. ¡Que por algo con tal gentilicio se conoce a sus habitantes! Ticos por tener un territorio reducido para tanta biodiversidad. Ticos por usar y abusar del diminutivo en sus conversaciones. Ticos al fin y al cabo porque las cosas complejas, las mismas que rondan en noche de insomnio, saben allí más sencillas: las prisas son prisitas; las penas, penitas; e incluso el patrón parece chiquito. ¡Qué grande vivir en un sitio así!

Cuenta la leyenda que cuando Dios creó el mundo se encontró con un tico.

—De entre todos los soles que te ofrezco, elige uno para ti —le dijo el Señor.

Y para su sorpresa, aquel hombrecito opta por el más pequeño.

—¡Qué extraño! —pensó—. A cuantos pido que escojan, toman para sí el mayor.

Entonces volvió a comentarle:

—De entre todas las lunas que te ofrezco, elige una para ti… Inclusive la grande, para que tus noches sean de luna llena.

Sin embargo, aquel hombrecito prefiere nuevamente la menor.

Otro tanto acontece con el árbol, con un monte, con su mar. De entre todo, la mínima expresión.
El Creador no salía de su asombro. Nunca vio a persona tan humilde, tan poco avariciosa. Por ello, en recompensa, decidió regalarle un trocito de edén. De ahí que el país de aquellos ticos sea tan verde, tan hermoso. De ahí que Costa Rica sea un reflejo del paraíso.

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*Médico, psicólogo, cuentacuentos, escritor y un convencido de que la historia del relato en cualquiera de sus formas está vinculada a la propia historia de la Humanidad. En su opinión este género universal goza de una serie de propiedades que le hacen especialmente atractivo: literarias (suelen ser cortos, permiten una lectura rápida, entretienen sin efectos secundarios), de uso (lúdico, formativo, terapéutico, habiéndose empleado en hospitales, geriátricos o empresas) e incluso psicopedagógicas (para resolver conflictos, mejorar la autoestima, desarrollar facultades psíquicas, trabajar habilidades, invitar a la reflexión, etc.).

Viajero confeso, acostumbra a escribir de aquellos lugares que visita. El relato Costa Rica, país de Ticos, integrado en su libro Mi planeta de chocolate (Ediciones Irreverentes) sintetiza de forma clara dicha afirmación.

http://manuelcortesblanco.blogspot.com




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