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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Amigo Oscar


He de empezar diciendo que el trabajo de Kathryn Bigelow, una realizadora de irregular y algo errática pero interesante carrera, demuestra que la hoy escarizada es una narradora audaz y una poderosa creadora de atmósferas visuales.

En tierra hostil nos cuenta la historia de un grupo de artificieros destinados al corazón de Bagdad. Vaya por delante que el filme decepcionará a los que esperen algún tipo de reflexión sobre la intervención estadounidense en Irak, ya que es, sobre todo, una efectiva película de acción con mucho nervio, un thriller rodado con astucia y una apuesta audiovisual sólida, pero su aproximación a la psicología de sus embrutecidos soldados deja bastante que desear.

Rodada en planos cortos y ágiles movimientos de cámara y dotando de gran fisicidad a la relación de los personajes con los objetos, En tierra hostil encadena los momentos de tensión al seguir los pasos de un grupo de jóvenes destinados a desactivar explosivos y a desconfiar de todo lo que se mueve en un paisaje devastado.

La incomunicación de estos soldados con la población iraquí se reproduce en la relación áspera y el recelo latente que existe entre hombres que han hecho de la guerra su única razón de ser. Así, Bigelow, con un discurso más bien acomodaticio, humaniza a sus bestias y nos muestra su punto de vista, sin dejar de lado las imágenes de las atrocidades cometidas por el ejército estadounidense entre una población sumida en la confusión y el temor. En tierra hostil no escatima imágenes crudas y momentos que acercan su filme al cine de terror aunque en los diálogos cínicos o sentenciosos de los protagonistas (particularmente los del personaje del sargento Jones, que encarna Jeremy Emer) bebe de toda la tradición del cine bélico y antibélico en la línea de Kubrick, Fuller o Coppola.

No encontramos en el trabajo de Bigelow ni rastro de la denuncia de Stop-Loss, de Kimberley Pierce, y sí un hábil espectáculo y un microcosmos asfixiante en el que, con pocos personajes y escenarios, logra construir una atmósfera enrarecida y llena de violencia contenida que, como en el mejor cine de suspense, estalla en momentos inesperados. En tierra hostil vale lo que vale la fuerza plástica de secuencias aisladas —rodadas con nervio e inteligencia— y su indiscutible pulso narrativo, pero la estructura dramática del filme es más bien endeble y la reflexión final resulta totalmente innecesaria.




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