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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Una muy buena novela de título errado


Guillermo Galván es un periodista de larga y fecunda trayectoria rofesional en diversos medios, además de un sólido escritor con ya seis novelas publicadas, la mayoría premiadas en concursos literarios y una de ellas llevada al cine. Su última obra aparecida, Antes de decirte adiós (Suma de letras) es otra excelente muestra del dominio del ritmo narrativo de su autor y de su maestría en la creación de ambientes y escenarios, esta vez los del Madrid de dos épocas diferentes ─1939 y 1961─ en las que se desarrolla esta historia de suspense con trasfondo histórico.

Sólo un pero: que su desorientador título pueda llevar a un posible lector, no debidamente informado, a confundirla con una novela de las llamadas románticas.

Por lo demás, nada que objetar a este trepidante policiaco que comienza en los últimos días de marzo del año 39 con la llegada a la capital de una falsa ambulancia que transporta a un grupo de presos pertenecientes a un batallón disciplinario republicano con base en Los Llanos, provincia de Albacete, y que tienen la rocambolesca misión de rescatar el cadáver de una antiguo profesor del presidente Azaña para transportarlo a un lugar seguro.

Cuatro soldados, un sargento y un teniente vivirán esos complicados últimos días intentando llevar a buen puerto su misión en el escenario arrasado de una ciudad a punto de rendirse a las tropas nacionalistas que la rodean desde hace meses. Cumplido su cometido no con pocas dificultades, algunas bajas y serias amputaciones emocionales en alguno de sus integrantes, los supervivientes retoman la carretera de Valencia acompañados de un secreto en forma de ataúd, una misteriosa y hermosa mujer y un polizón. Ninguno de ellos llegará a destino.

Veintidós años más tarde, en la primavera de 1961, la ¿casualidad? pone en manos de un policía de la Brigada de Extranjería desafecto al régimen el hilo conductor que va a llevarle, mientras vigila a un alto responsable de la OAS en Madrid, a descubrir el secreto de aquella camioneta, de sus ocupantes y del féretro, a la vez que toda su investigación servirá para poner patas arriba su atribulada vida personal y familiar.

Novela de perdedores, de supervivientes, de muertos que se llevan consigo sus secretos, de gente que tiene la sensación ─y la comunica al lector─ de que algo se le escapa, algo incomprensible que arrastra y determina sus vidas. Héroes anónimos de aquella guerra, que a los que no la vivimos nos suena a extranjera pero cuya negra sombra se proyectó durante tan largos, y a menudo nefastos, años y que condicionó millones de vidas y destinos.

De todo eso, a modo de justicia poética con tantos anónimos vencidos, trata la novela de Galván, escrita con la pericia del investigador y el alma del verdadero escritor. Al hilo de complots políticos, ajustes de cuentas, desgarradas historias personales, cadáveres desparecidos, pistas perdidas, exilios interiores y exteriores, el autor rescata la memoria de aquellos años a través de sus personajes en un libro de perfecta ejecución y excelente pulso narrativo servido con inigualable dominio del lenguaje y del tiempo.

Para cualquier lector actual siempre es enriquecedor conocer unos momentos históricos determinados de la historia de su país servidos a través de las palabras de un escritor. A diferencia del historiador, éste conoce mejor el alma de los personajes y puede presentar los mismos hechos desde una perspectiva menos objetiva, quizás, pero siempre con mucha mayor claridad e intensidad emocional. Exactamente esa ha sido la labor de Galván. A lo largo de todas sus páginas se hace evidente la cantidad de información de todo tipo que ha manejado, toda ella contrastada y veraz; pero todo ese escenario tan minuciosamente reconstruido nunca oculta la aventura de sus personajes. Ellos y sus vidas son los protagonistas absolutos de esta ambiciosa y lograda novela que trasciende las fronteras del género negro y se adentra en las aguas de la crónica social y política de unas épocas que ya forman parte de la memoria colectiva del país, esa que algunos están empeñados en no desenterrar para que muchos nombres de héroes anónimos sigan, para siempre, en el olvido.




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