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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

La isla bonita


Digámoslo desde ya. El alambicado thriller psiquiátrico de Martin Scorsese se sostiene gracias a dos logros: una esforzada interpretación de Leonardo di Caprio y la indiscutible habilidad del cineasta como narrador.

Scorsese parece rendirse, con esta historia truculenta y llena de giros argumentales, a las convenciones del cine estadounidense del momento y no duda en utilizar algunos de los recursos más viejos del cine de suspense y el melodrama gótico para conducir al espectador por una aventura  gratuita y saturada, además, de pretensiones. Podemos rastrear algunos temas recurrentes en la filmografía del director de Taxi Driver como  el ocaso del héroe y la crisis de la masculinidad moderna, pero Shutter Island es, ante todo, un buen espectáculo envuelto en un guión tan lleno de sorpresas como falto de encanto y densidad.

Con evidentes guiños al cine de los cincuenta y a la cultura estadounidense de posguerra, el filme conduce al espectador por los senderos mentales de un agente de policía que lucha contra personajes de una pieza en el escenario a la vez lúgubre y fastuoso de una isla-pabellón psiquiátrico donde todo puede suceder. La cuidada fotografía y la solidez con la que Scorsese nos acerca a una historia banal y llena de diálogos irrisorios no son suficientes para satisfacer ni a los amantes del género ni a los admiradores de la irregular carrera de este autor que aquí muestra su cara más comercial y pretenciosa. La peor parte les toca a los secundarios —intérpretes de la talla de Ben Kingsley, Michelle Williams o Mark Ruffalo— lidiando con esos papeles sin aristas en lo que acaba siendo un rutinario filme de acción, sustos y sorpresas bastante plano en su construcción dramática.

Shutter Island nos introduce en un mundo enfermo poblado de seres que no son lo que parecen e intenta, sin demasiado éxito, sumergirnos también en una mente atormentada, pero se limita a arañar la superficie de un relato cada vez más complejo.  Hay demasiados personajes, demasiados trucos  y poca originalidad en el alma de esta historia de miedo a la locura para que la odisea de Teddy Daniels, luchando contra todo y contra todos, logre captar nuestro interés.




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