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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Atrapando pájaros


¿Acaso si fuese libre tendría la habilidad de reconocerlo? 

Estoy mirando a través de la ventana. Un árbol seco, despojado en apariencia de cualquier resto de follaje, atrapa mi atención. Un montón de pequeños pájaros negros están posados en sus ramas y picotean sin tregua, algo que les debe de resultar exquisito a juzgar por su deleite, prisa, casi ansia... inclinan la cabecita, el cuerpo entero una y otra vez, golpean con el pico y saltan suavemente. ¿Qué son? No son ni gorriones, ni cuervos, ni, obviamente, palomas, ni urracas... ¿qué son? ¿Te los estarás imaginando Alicia? ¿Estarás creando una nueva alucinación para entretenerte durante esas horas muertas en las cuales simplemente debes dejarte llevar por la certeza del encierro y superar el miedo y la sensación de toda una vida perdida? 
Alicia inventando pájaros. Alicia rodeada de pájaros. Alicia creando pájaros. Yo dibujando pájaros que quieren salir de la jaula. Mi jaula. Yo dibujando a Alicia, que está atrapando pájaros. Alicia cerrando la ínfima puerta de la jaula para que los pájaros no encuentren el resquicio que les dejaría en libertad. Alicia se mueve entre los pájaros con soltura y cierta alegría, como si ella misma fuese un pájaro extraño e hipnotizado por las luces y sombras que las alas de los verdaderos pájaros en movimiento, arrojan sobre su cara extasiada. 
La libertad encerrada en un minúsculo cuerpo de plumas negras, la libertad estremecida dentro de los tendones de los pájaros que se encaminan hacia la puerta de salida aún entornada de la jaula. La libertad trémula, asustada, precipitada... Y tú Alicia sin embargo lo miras todo embelesada; feliz... ¿Por qué? Como si el trepidar de las aves plumosas, te resultase placentero, fascinante. Como si su agitado revoloteo hacia la libertad expectada, causase en ti dicha. ¿Dicha? ¿Te hace feliz cerrarles la puerta a esos pájaros negros, suaves y ágiles? ¿Te provoca alegría el hecho de saberte acompañada en tu encierro? Y sin embargo... Tú misma pareces a punto de echarte a volar, a punto de arrojarte ingenuamente hacia la salida, a punto de sacudir tus alas, tus doradas plumas, acechar tus ojos, estirar las garras y...... estirar las garras e intentar volar hacia la libertad.
Pero me pregunto Alicia, hasta qué punto alguien es realmente capaz de hacer uso de su pequeña parcela de libertad, hasta qué punto somos capaces de saber, de sentir, de vivenciar fenomenológicamente la libertad, aparte de racionalizarla y tener un conocimiento casi abstracto de lo que significa, supone, conlleva, predispone, pesa, aligera, provoca, dispone, centra, acerca, abre, encamina, ahonda... ser libre.
Tal vez, al igual que esos pájaros a los que tú andas atrapando, intentando atrapar, nosotros revoloteamos álgidos y suspendidos en un estado de fervor e ilusión óptica, auditiva, sensorial... que nos hace creer que somos un poco libres dentro de la jaula en la cual picoteamos nuestras propias migas de pan y estiramos orgullosos el cuello emplumado, sin darnos cuenta de lo frágiles que resultamos siendo cazadores cazados, cazadores atrapados por unas pequeñas manos como las tuyas.


Pequeños Deberes- Imagina durante unos breves instantes que tienes cuerpo de pájaro, que vuelas, que miras, que te posas... como un pájaro. Y después abre los ojos, abre los ojos bien y observa. Observa a tu alrededor. ¿Qué es lo que ahora ves?


Me pregunto Alicia, hasta qué punto alguien es realmente capaz de hacer uso de su pequeña parcela de libertad, hasta qué punto somos capaces de vivenciar la libertad y de tener un conocimiento de lo que significa, de lo que conlleva, de lo que da a luz...ser libre.




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