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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Un single


El debut en el largometraje del diseñador Tom Ford es una elegante y sofisticada adaptación de la novela más triste de Christopher Isherwood. Apoyada en una fantástica interpretación de Colin Firth —nominado al Oscar—, la película nos cuenta, con altas dosis de talento audiovisual, la historia de George, un maduro profesor universitario que trata que recuperarse de la trágica pérdida de su compañero sentimental (Mathew Goode).

El filme se acerca de modos muy diferentes al actor, a su rostro, a su cuerpo, a sus deseos, a su tristeza, y perfila, con una puesta en escena llena de pequeños aciertos, el retrato de un hombre que trata de ocultar su dolor en la Norteamérica de los sesenta. Sus únicos compañeros en esa jornada “antiheroica” van a ser su antigua amiga Charlie (Julianne Moore, perfecta para el papel), un joven alumno (Nicholas Hoult) y los recuerdos intermitentes de los momentos vividos con su antiguo amante.

Un hombre soltero puede parecer una película algo artificial —arropada por una elaborada fotografía de Eduard Grau, elegantes escenarios y una partitura sinfónica de Abel Korzeniowski— pero, gracias a los matices que Firth da a su personaje y a la sólida puesta en imágenes, se sostiene como una propuesta arriesgada y, a ratos, arrebatadora. Ambientada en Los Ángeles durante la “crisis de los misiles”, con evidentes guiños al cine realizado en la época en que transcurre la trama, el trabajo de Ford consigue trasmitirnos el dolor de un hombre incapaz de encarar el futuro.

Algo discursiva en sus diálogos, tentada por la estética de videoclip, A single man triunfa como fábula sobre el amor y el duelo, como filme que reivindica el derecho a la diferencia y a la libertad, pero fracasa en su retrato de una sociedad hipócrita allí donde triunfaban trabajos como Lejos del cielo, de Todd Haynes. Nos encontramos, pues, ante una obra de cámara, con un montaje agresivo que acerca la cinta a las filas del “queer cinema”, y ante un recital interpretativo filmado con inusitada vitalidad.

En resumen, una mirada rutilante a un mundo gris y materialista y a un personaje que habita más cerca de los muertos que de los vivos. Un filme que, debido a su transcurso algo abrupto, puede llegar o no al espectador, pero al que no podemos negar una impresionante fuerza plástica y más de un momento de una humanidad cautivadora.




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