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Los viajes

de Sara Gutiérrez

De Assos a Çesme, pasando por Yenifoça

OTROS DESTINOS 

Assos – Pérgamo – Asclepios - Yenifoça

A las ocho de la mañana ya estábamos nadando rumbo a Lesvos. Después de enviar un par de correos a la familia, desayunamos.

Desayunamos lo de todos los días y una variedad de hojaldres fritos. Nos enrollamos con la madre de la dueña, Piedad, una barcelonesa que se enamoró de un turco, cuando en los años setenta viajó a Turquía de vacaciones, y ya no volvió a España. Piedad, responsable de Iberojet en Turquía, nos contó que visitan Estambul muchísimos españoles pero que pocos van más alla de Capadocia o Pamukkale, que Turquía es un páis normal con los riesgos de cualquier país, si olvidamos lo mal que conducen, que está muy enfadada con Antonio Gala por el despropósito de Pasión turca y nos recomendó De parte de la princesa muerta, escrito por una hija del último sultán, instalada en Francia. Su yerno, Alí, que fue guía de grupos en español y venía de pescar con un barco mecánico de juguete, nos hizo algunas recomendaciones como visitar las cuevas próximas a Pamukkale.

Nos pusimos en carretera a las las 11:45, con 319 Km. en el cuentakilómetros.

Camino de Pérgamo, vimos en la autovía las mismas irregularidades que en el resto del viaje: cambios de sentido aunque no esté ni siquiera limpia ni llana la mediana, motoristas sin casco, gente caminando por la orilla o cruzando… Y muchas gasolineras, cada una con su precio. En la que elegimos, nos llenaron el depósito en tres tandas porque los cortes de luz impedían hacerlo de una vez; aprovechamos para hacernos con una despensilla de patatas fritas, galletas y agua (Total factura: 89,92 YL).


Templo de Trajano

La carretera que sube a Pérgamo desde Bergama pone los pelos de punta. Es estrecha y sin protección, lo cual no impide que los autobuses de turistas circulen arriba y abajo. Pagamos 3 YL por aparcar como si fuéramos Telma y Louise cogiendo aliento para el gran salto. Y, con un calor sofocante, peregrinamos hasta el templo de Trajano que, los dioses me perdonen, no vale el sacrificio (entrada: 15 YL).

De vuelta al coche, repusimos líquidos, a base de Coca Cola (4 YL),  en la terracilla que hay donde el control de entradas, y rehidratadas nos acercamos a Asclepio (entrada: 15 YL). Por decir que pisamos donde pisó Galeno.

Si se es amante de las ruinas y Pérgamo y Asclepio cogen de camino, ni mal ni bien; pero para el común de los mortales, al que pertenezco, planificar un viaje o forzar un desvió por llegar hasta aquí… en mi opinión no tiene mucho sentido.


Asclepio (Templo de Trajano al fondo)


Camping Yenifoça

Mal guiadas por la aseveración en una de nuestras guías de que en Yenifoça había sitios excelentes para acampar, llegamos "buscando el paraíso" a un pequeño pueblo costero con un camping de habituales sin más servicios que un par de letrinas y dos duchas a la intemperie;  después de comprobar en un par de hoteles que el pueblo estaba al completo, y decididas a probar nuestra estrafalaria tienda, nos quedamos (nos cobraron 10 YL, por cobrarnos algo).

Nos dimos un baño con la chiquillería local lanzándonos al mar desde una plataforma de hormigón cubierta de algas próxima al camping, nos duchamos y salimos a la caza y captura de esterillas para amortiguar la dureza del suelo.

Compramos cuatro tablas de surf de forespan, con las que compusimos un par de colchonetas, y nos sentamos a cenar en una de las terrazas del puerto. Calamares fritos, mejillones rellenos de arroz (por eso nos habían parecido deformes cuando los habíamos visto en los puestos callejeros de Estambul), un ensalada a la griega y un par de peces (de la familia de la lubina) a la plancha, regado todo con cervezas Efes. El postre, un helado de cucurucho enorme, lo tomamos paseando entre entre las familias y vecinos que habían salido con sus sillas a tomar la fresca a la orilla del mar. La fresca, helados y cacahuetes.

Dormimos divinamente.

Yenifoça – Izmir – Çesme

Una bandada de pájaros gritones nos despertó a eso de las siete de la mañana; no los vi, pero por lo impertinentes podrían haber sido gaviotas.

A las nueve ya estábamos buscando un lugar para desayunar en Yenifoça. La playa ya estaba llena de gente bañándose (algunas mujeres con su traje pantalón y pañuelo empapados) y las terrazas abarrotadas de soldados de permiso comiendo los bollos que compraban en el puesto ambulante, tomando agua, refrescos o té, y jugando de cuatro en cuatro, con mirones, a una especie de chinchón con fichas similares a las del dominó, pero con números y figuras.


Yenifoça - Playa

Tomamos una mezcla soluble de Nescafé que hacía las veces de café con leche y comimos tres bollos a cual más insulso de los que vendían en el puesto del paseo.

A las 10:00 estábamos en carretera, el cuentakilómetros marcaba 568 Kms.


Attatür en Izmir

En Izmir se nos hizo muy largo el recorrido desde que entramos en la ciudad hasta el centro histórico, Konak, aun así, sólo nos equivocamos en un cruce y sirvió para que viéramos el relieve de la cara del omnipresente Attaturk que están esculpiendo en una colina de uno de los barrios periféricos.


Izmir - Torre del reloj - Mezquita de Konak

Ya en Konak, pudimos refrescarnos en la Torre del reloj, el símbolo de la ciudad que no en vano es una fuente; y contemplar una pequeña joya atrapada en medio de los modernos edificios de su entorno: la mezquita de Konak.

Muy cerca, hacia el interior de la ciudad, las calles rebosan mercancías, es el inevitable bazar. Menos espectacular que los de Estambul o Bursa, ofrece un delicado descanso en el patio del Kizlaragasi Jan.

A pocos pasos, los restos del Ágora hablan más de futuro que de pasado; en unos años, si los espónsores no abandonan, probablemente podremos ver el Ágora tal y como se supone que fue… la reconstrucción ya ha comenzado.

Comimos un bocadillo de albóndigas y patatas fritas, regado con Ayran y cerveza Efes, en un Fast Food turco del Pier Konak, un intento plausible de modernización. (Pagamos 22 YL).


Çesme

Por autopista de seis carriles, la primera que pisamos con asfalto íntegro (en las autovías y demás carreteras el alquitrán está fundido por el calor y los coches van dejando las rodadas), llegamos a  la peninsulilla de Çesme, un secarral en el que verdean algunos pinos de nueva plantación. Seguimos el modesto paseo marítimo de la ciudad del mismo nombre hasta el final, donde nos esperaban una playa, aparcamiento y un hotel con una habitación por 120 YL que nos sirvió de alojamiento pero también de lavandería.

En la playa pública, tomada por el bar Gran Beach–Captain Black, nos aliviamos de los casi 40 grados que venían agobiándonos desde primeras horas de la mañana.

La parte central de la pequeña playa (la invadida por las instalaciones del bar) estaba más o menos decente, pero el resto era un basurero, así que ante la imposibilidad de ocupar una Loja (una especie de palco de madera sobre el mar por el que querían cobrarnos 50 YL) o coger un par de tumbonas con sombrilla (estaban todas ocupadas) extendimos nuestros kikuyus en la arena mojada, nos untamos de crema y asistimos atónitas al espectáculo de media tarde: con la música a todo volumen, un cincuentón fibroso, ataviado con un pareo naranja que le permitía sacar sexymente la pierna, y luciendo un brillante en el ombligo, inició una espectacular danza del vientre que no tardaron en corear muchos de los presentes, especialmente un puñado de niñas que decidieron exhibir sus dotes de bailarinas, el danzante se acercaba a la gente con movimientos insinuantes de hombros, vientre y caderas, y algunos hombres le metían billetes entre la improvisada falda y el vientre. Eran las seis de la tarde. La atronadora música del bar quedaba de tanto en cuanto sepultada por la de las goletas que con todo el pasaje bailando en cubierta regresaban de los cruceros diurnos a las islas cercanas. 

Refrescadas, nos fuimos a pasear por el pueblo. La calle comercial, peatonal con edificios de dos plantas, ofrecía mucho de lo que un turista busca, pero claramente dirigido a turistas locales, turcos. En el mercado cercano, abarrotado pero no peatonal, siendo como era hora de recoger, iban quitando puestos y sombrillas para dar paso a coches y camionetas; compramos medio kilo de cerezas que el vendedor clavó con dos paladas, imposible ver la pantalla de la pesa. 

Para la cena muchos bares ofrecen menús cerrados: lubina o dorada con ensalada y guarnición 10-12 YL, pero decidimos sentarnos en la terraza de un restaurante abarrotado, cerca de las goletas, con menú a la carta, y fue un desastre: trajeron los segundos platos antes de los primeros, y no se privaron de sumar de más al hacer una sencilla cuenta ya de por si hinchada. Cenamos calamares fritos (buenísimos, como en todas partes) y lenguado en pincho moruno con agua, 43 YL. El sitio al que no hay que volver se llama Çapa.

Para resarcirnos del mal trago regresamos a la playa y en una de sus lojas (la nº3 de 4) nos tomamos una cerveza per cápita tumbadas en los cojines. 10 YL. Nos fuimos cuando el sonido del mar ya nos había adormecido y aún podíamos saltar a la arena sin mojar las sandalias. 

Para completar el aprovechamiento integral del Hotel, pedimos la clave de acceso wifi a Internet y revisamos el correo (confirmamos la reserva del hotel en Estambul para el último día) y pusimos todos los aparatos a cargar (teléfono, batería de la cámara y ordenador). 

Dormimos como lirones, sobre todo a partir del momento en que decidimos abrir el balcón (con vistas al mar) antes que soportar el chorro de aire acondicionado. El viento no dejó de soplar en toda la noche.

La mayoría de las fotos las hizo Eva Orúe; el resto, yo misma.

Más sobre Turquía en Divertinajes.com

Preparación del viaje
Estambul (I): Aterrizaje, primeras impresiones (la gente, la Mezquita Azul, Santa Sofía...)
Estambul (II): Sultanahmet y El Serrallo
Kumkapi, Bazares y Eminonu
Beyoglú, Museo de Arte Moderno, Palacio Dolmabahçe y Mezquita Sakirin
El Bósforo y el Cuerno de oro
Bursa - Assos
De Assos a Çesme, pasando por Yenifoça
Çesme – Selçuk – Éfeso – Pamukkale
Pamukkale
Afrodisias, Priene y Mileto
Bodrum, Datça, Ölü Deniz
Letoon, Xantos, Patara, Kas, Üçagiz, Demre, Myra, Olimpos y Phaselis
Antalya - Konya - Uçhisar
Capadocia

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