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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Pobreza, sexismo, hipocresía


La película del momento es una aplicada aunque algo rutinaria adaptación de una de las novelas más importantes de literatura estadounidense de las últimas décadas: Push, de Sapphire.

Como en aquella, en el filme de Lee Daniels —su segundo trabajo importante tras la tibia acogida de Shadowboxer— se nos muestra la otra cara de una sociedad opulenta a través de la historia de Clarence Precious Jones, una adolescente de Harlem, violada por su padre y maltratada por su madre. La joven logra comunicarse y encontrar sentido a su vida gracias a la escritura y a su relación con la profesora de una “escuela alternativa” (encarnada por Paula Patton) que la ayuda a confiar en sí misma. Retrato de una sociedad racista, de una juventud desheredada y de un núcleo familiar asfixiante, Precious parece temer demasiado la fuerza de su material literario de partida y se ve lastrada por una continua voz en off que incluye párrafos enteros del original haciendo que su denuncia funcione, pero que queden evidencia ciertas limitaciones de Daniels como narrador.

La película se apoya sobre todo en una brillante y esforzada interpretación de Gabourey Sidibe dando vida con intensidad a una muchacha obesa y sumida en un ambiente hostil que ofrece pocas respuestas a su situación social de marginación y desamparo. La vitalidad y el coraje interior de la protagonista están conseguidos gracias a la cuidadosa aproximación y al amor del realizador hacia su personaje, y también al esfuerzo de todas las actrices que intervienen en el filme.

A pesar de todo, la película se revela —salvo en secuencias aisladas— como escasamente imaginativa en su resolución dramática, y carente de la poesía visual necesaria para un relato sobre un ser que trata de superar las heridas que le han causado la pobreza, el sexismo y la hipocresía.

Estamos, pues, ante una eficiente denuncia social pero ante una película sin demasiada expresividad y sin la pasión necesaria para llegar limpiamente al espectador. Precious resulta al final un trabajo estimable que hurga en el lado oscuro de las grandes urbes de la sociedad occidental, pero también un filme que no despega y cuya mezcla de realismo social, crudeza y humor onírico están lejos de obtener el resultado esperado.




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