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Pantumaca

Sara Orúe

67

—Agggggggggggggggggggg Mecaguéntoestonoesposiblenomepuedestarpasandoamí.
—¿Qué pacha boca?
—Que no, que no y que no.
—Está claro que no, ¿pero el qué?
—No estoy dispuesta, me parece fatal y no me hace ni media gracia.
—Guapita de cara, ¿se puede saber de qué hablamos?
—Ya me parecía mal 65, imagina 67.
—Prefiero imaginar 69, je,je.
—Ni hablar del peluquín.
—Por todos los dioses amiga, ¿me quieres decir de qué estás despotricando este apacible jueves?
—No pienso trabajar con gafas bifocales.
—Pues trabaja sin ellas, aunque no veas tres en un burro.
—¿Cómo pueden pensar en aumentar la edad de la jubilación? Esto es una broma de mal gusto.
—Uf, se trata de  eso. Pues con bifocales y con dentadura postiza, témome.
—No lo verán tus ojos.
—Espero que sí.


Estoy tan indignada que no me puedo contener. No quiero trabajar otros 27 años.

—Amigaaaaa…
—Estaá bien, otros 25.
—Nena, que nos conocemos de toda la vida.
—Vale, vale. Me quedan 23 para los 67. Pero no pienso pasármelos trabajando.

Por favor, si ya hace 23 que trabajo y estoy agotá, ¿cómo voy a pensar en que me queda lo mismo otra vez?

—Otra vez no, que ésta es casi peor.
—¿Peor? Señor, ten piedad.
—Por mucha piedad que tenga él, tú tendrás que afrontar estos años sin muchas posibilidades de crecer o sabiendo que, en cualquier momento, te despiden y te cambian por dos de 25.
—Eso es intolerable.
—Y, encima, con juanetes, que a los 30 años no tenías.
—Es verdad. Tendré que ir a trabajar con zapatos de esos 24 horas para pies cansados. Y tomar antes de entrar en la oficina la pastilla de la tensión.

Me da un patatús. Y otro. Y otro más. No contaba con este traspié.

—Ja, ni con este ni con el de tu hipoteca, tu hijo, la crisis…

Mi proyecto vital se va al carajo.

—El carajo debe estar lleno de proyectos vitales desbaratados, no pasa nada.

Sí pasa. Se suponía que yo iba a ahorrar suficiente dinero como para jubilarme a los 50 y vivir una vida plena.

—Ya vives una vida plena.
—Sí, plena de deudas, de madrugones, de jefes, de jornadas laborales interminables…
—Pues, ¿qué te crees? Como la de todo el mundo.
—No creo que yo que la Preysler viva así.
—Rebobinemos. Pues ¿qué te crees? Como la de casi todo el mundo.
—Si, pero la Preysler
—Amiga, ¿tu querrías haber estado casada con Julio Iglesias?
—No
—¿Y que tu hijo se pareciese a Julio José?
—No
—¿Y que lo mejor que dijesen de ti es que eres “súper buena madre”
—Bueno, eso no está mal.
—No te quejes, que llevas una vida estupenda.


Lo sé… pero no quiero trabajar tantos años. Por favor, que alguien tome cartas en este asunto, no sé, el club de jubilados del Eixample, la asociación contra la explotación viejunil, el Imserso, alguien tiene que hacer algo.

—Cualquiera que te oiga diría que a los 67 se es viejo.

Ese es el tema, yo quiero dejar de trabajar antes de ser tan viejo que ya no pueda, ni trabajar, ni viajar, ni nada de nada. De hecho yo quiero dejar de trabajar ya. Mañana mismo, si es posible.

—Pues eso no lo arreglan los políticos, lo arregla una buena primitiva.

Sí, creo que Loterías y Apuestas del Estado va a ser quien, verdaderamente, se va a beneficiar de esta medida a corto plazo.




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