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Errata

Evaristo Aguirre

Dejar las cosas claras


No sé muy bien qué diferencias hay entre “recuerdos”, “memorias” y “autobiografía”. ¿La edad a la que escribe? ¿La solemnidad con la que se cuentan las cosas? ¿Lo solemnes que sean esas cosas? ¿La exactitud/realidad de lo narrado? Quizá tenga que ver con el tanto por ciento de presencia de la primera persona del singular: hay quien explica su vida en función de sus conocidos, de las relaciones con los demás; hay quien lo pasa todo por su ombligo; hay quien lo mezcla. Y hay otra manera de hacerlo, en el caso de los creadores, que consiste en establecer los vínculos entre lo que les ha tocado vivir y su obra, depuran, desbrozan los hechos para quedarse con los que tienen relación o influencia en su trabajo artístico. Son así las de Stephen King, por ejemplo. Y tienen mucho de esto el conmovedor Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett (publicado por Blackie Books, con traducción de Pablo Álvarez Ellacuría y prólogo de Rodigo Fresán).

Everett (Virginia, EE.UU., 1963) es músico, autor de un conjunto de notables discos publicados desde principios de los años noventa firmados por el grupo Eels (que en realidad es él con músicos que van pasando). Hace rock (quizá está más cerca del blues), de ese llamado indie, es decir un rock menos convencional que el de Bruce Springsteen, por poner un caso, una música que arriesga e innova un poco más. Eels, además, tienden a jugar con la distorsión, a veces, a ser delicados con la instrumentación, en otras ocasiones, incluso a buscar un sonido un poco pobre (se dice low-fi), de vez en cuando. Pero siempre, en los discos de Everett (o E o Mr.E, como también es conocido) tienen un peso fundamental las letras, que tienen una unidad temática en cada entrega. Aquí no encontrarán ningún abuanbabulubabalambambú ni nada parecido.

La familia de E. era rara e hizo de él un tipo raro. Además, la muerte le ha golpeado varias veces a través de sus familiares: el padre (científico, trabajaba para el gobierno, pensador de una teoría sobre los universos paralelos) murió cuando él era adolescente (le tocó intentar reanimarlo); la hermana, con problemas con el alcohol y con su personalidad, se suicidó; la madre tuvo un cáncer galopante y devastador; y una prima suya era azafata en el avión que se estrelló contra el Pentágono el 11S. Con treinta años, más o menos, E. se quedó más solo que la una (además, las relaciones sentimentales no son su fuerte, como todos ustedes ya se estaban imaginando). Y este es el meollo de lo que quería contar en sus memorias y la explicación del título; tiene pinta de que no tendrá nietos (sobre todo por falta de hijos), pero necesitaba poner en claro lo que había vivido para explicar el sentido de lo que fue haciendo (y sigue haciendo y esperamos que siga haciendo): música. Porque en sus letras está mucho, casi todo lo que aparece en el libro, pero de otra forma. Cosas que los nietos deberían saber son unas memorias, sí, y también son unas confesiones. Es como si este tío, que se muestra siempre con barbas largas, enmarañadas y pobladas, con gafas de sol (a veces de soldador o de esquiador), se hubiera quitado aquí todas las capas para enseñarse mucho.


eaguirre@divertinajes.com




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