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El pizarrín

Javier Goñi

Vagas mariposas de papel


Déjenme que les diga que Felipe Benítez Reyes, fino poeta roteño, no menos excelente prosista, traductor ocasional, enredador en papeles e hijo de alcalde, cosa que no todos pueden decir en el honrado gremio de fajadores de las letras hispanas, es autor de un muy benemérito libro, de título: Vidas improbables (colección Palabra de Honor, palabra de honor que la colección se llama Palabra de Honor, Visor Poesía, y es muy bonita, la colección, digo, aunque también lo es la palabra dada, cuando se da con todas las de la ley), y allí es donde se habla del poeta sanluqueño, cuasi paisano, pues, del roteño, Miguel Conde Laffita (1892-?: es posible que ? sea el resultado de sumarle a 1892 la cifra de 59, que son los años que vivió, y lo que tardó en morir, “en su casa natal”, para su suerte, y “entre delirios de esencia complicada”, esto último hay que entenderlo).

Al parecer, de creer al roteño Benítez, el sanluqueño Conde Laffita, modernista simbiótico como poeta, libertino vocacional (hizo de tenorio en alguna representación de aficionados en el término municipal sanluqueño, es posible), a pesar del modernismo y del libertinaje –ambos vocacionales- “fue gerente eficaz –copio- de la llamada Comercial Ferretera Andaluza, empresa familiar que aún mantiene abierta sus puertas al público de lunes a sábado”. Hasta aquí la cita literal, y para abrirles boca (y dejarles un buen sabor de ídem) estos versos finales, trémulos, como muslos o ingles de poetisas jóvenes apadrinadas líricamente por el Maestro de Periodistas, LMA: “En la penumbra amatista/ vagan vagas mariposas/ de papel”.


Es muy hermoso, tan hermoso como improbable, este cuidadoso libro, Vidas improbables, de Benitez Reyes, que aparece en esta colección, Palabra de honor, que dirigen al alimón Luis García Montero, poeta, y Jesús García Sánchez, (a) Chus Visor, editor, entre ellos sin parentesco aparente (García, en Google, 138 millones de entradas). Es una fabulosa antología de poemas recogidos por el propio Benítez en la escombrera de la imaginación y atribuidos, con paciencia de amanuense medieval llamado Job, a un centón de poetas, cuyas vidas, improbables, nos concede a modo de preámbulo.

Ya hizo, lo recordarán los más espabilados del parvulario, en su día Max Aub algo parecido en su Antología traducida (mi ejemplar, Seix Barral, 1972), donde amontonaba poemas de todas las épocas, desde un anónimo de cuando Amenofis IV –un poema, por cierto, añadía Aub, que “rezuma un curioso anticlericalismo, probable consecuencia de la pérdida de las provincias sirias”, que ya es hilar fino y andar sobrado de erudiciones improbables- hasta el de un poeta norteamericano, casi beat, que vivió poco, bebió mucho, descuidó el torpe aliño indumentario –empezaba a oler ya al tiempo de las flores- y “vivió de becas y de la condescendencia de algunos amigos”. Se llamó para el siglo Michael McGuleen: se interesa, amablemente, Mr. Google, por si acaso no quisiera buscar –más bien- a Michael McGlynn. Pues no.

Sepan ustedes que en esta estupenda y muy recomendable antología traducida se recoge una muy hermosa y sentida prosa del teólogo del siglo XIII Jacobo de Parma, que murió en Venecia, como quizás no sepan, aunque nació, como todos saben, en Parma.


Parma, inciso. Si todos los libros, absolutamente todos -¿o no?-, se los ha dedicado, concisamente, a Paula de Parma, su mujer, su musa, ¿le dedicará también a ella Dublinesca (marzo 2010, 328 páginas, 19 euros, ISBN: 978843221278-9)?, “el esperado regreso de Enrique Vila-Matas a la novela”, ya en Seix Barral: “Niebla y misterio. Fantasmas y un sorprendente humor. Enrique Vila-Matas regresa con una novela que parodia lo apocalíptico al tiempo que reflexiona sobre el fin de una época de la literatura”. Las comillas son del boletín de novedades de la editorial, enero-marzo 2010.

Otro inciso. ¿Qué tienen en común Enrique Vila-Matas, desde marzo 2010, y Javier Marías?

Pero estábamos con Jacobo de Parma, teólogo medieval y fogoso poeta/prosista del amor y sus alrededores, autor de un célebre tratado, Lecciones de cosas, en el que –sigo la traducción de Max Aub, que fue perito en saberes e imaginaciones- la lección XVI está dedicada a La espalda. Iniciase así: “Parte escondida, no por ello más preciosa. Si los pechos, lunas: sol la espalda. Gusta más con los años, que la experiencia no es ajena al gusto. Necesitase, para su cabal aprecio, conocimiento de causa. Equivocándose, suele darse más importancia a otros lugares. Una espalda, si es como debe, síntesis del mundo…”

Si es como debe, enfatizo. Ahí es nada. Y lo es.

Jacobo de Parma. Paula de Parma. Enrique Vila-Matas. Javier Marías.


Javier Marías, a quien otro Jacobo, el Conde de Siruela, cuando Siruela fue suya, le encargó hace años, pongamos que veinte, otra antología singular, Cuentos únicos, para la colección El ojo sin párpado –que no está nada mal para título de colección, no digan que no, o digan-. Anglófilo hasta las cachas, que no angloaburrido, como maliciaba Umbral cuando se purgaba las envidias con recado de escribir, Javier Marías seleccionó y prologó un puñado de relatos fantásticos escritos por una interesante nómina de escritores, acabados en otras vocaciones o perdidos en el estricto escrutinio de las famas y los talentos, ingleses todos ellos, o del Imperio, y que merecían ser recordados, en opinión no sé si generalizada o acotada por el propio Marías, tan sólo por una sola narración, o casi, ésta, la que formaba parte de Cuentos únicos (Siruela, 1989). Él mismo se encargó de trazar con fino florete página y media de vida probable, o improbable, de sus antologizados. Dice la leyenda que Javier Marías, o Xavier Marias, actual King of Redonda, como lo fue John Gawsworth, autor de uno de estos cuentos únicos, se permitió la improbable, o no, humorada de inventarse uno de estos autores, de darle una improbable, o no, vida y, ya puestos, de escribir, él mismo, JM, XM, actual King of Redonda, el relato único escogido.


¿Cuál? No sé. Dejémoslo en leyenda urbana.

Está lleno este pizarrín de vidas probables, o improbables, y éstas lo son en cuanto que son lo contrario de aquellas otras. Y me he puesto a rebuscar vidas improbables cuando más bien quería uno hablar del último libro –¿ficción, no ficción?, ¿probable, improbable?- de Esther Tusquets, novelista algo tardía pero constante, y autora de Confesiones de una editora poco mentirosa (RqueR editorial, 2005) y, sobre todo, ahora, de Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera, 2009), unas muy interesantes memorias desprejuicidas, que recomiendo vivamente y donde Tusquets con seny o sin él –probablemente- se pone el mundo por montera. ¿Lo que dice de RR es vida probable, o improbable? ¿Y lo que cuenta del poeta argentino Mario Trejo, amigo y autor de la casa (Lumen, entonces)? Lo de Trejo es probable, pero su fuerza narrativa está en que lo podemos leer como improbable.


Y tampoco es cierto del todo que uno -que también-, quisiera sólo haber hablado del libro de Tusquets. En realidad quería ahuyentar la impresión –atroz, admirable- que me ha causado leer no hace mucho en la revista Claves de razón práctica, diciembre 2009, una extensa semblanza del escritor noruego, Premio Nobel de Literatura, autor de libros impactantes -¿y ahora?, aunque bien que se reeditan: Nórdica, Anagrama, Alfaguara- como Victoria, Hambre, Pan, Knut Hamsun, de quien en su país en 2009 han celebrado –como han podido- el 150 aniversario del nacimiento de su muy pro-nazi compatriota (como muchos otros nórdicos, por cierto).


La semblanza, “Knut Hamsun. Soñador y traidor”, te hiere a la primera sangre y en un descuido con el vivísimo relato de la entrevista entre el viejo escritor y el canciller Hitler. Éste quiere hablar de poesía, de arte, de genialidad y el viejísimo escritor, tocado por la edad y la enfermedad, quiere hablar del futuro, de Noruega, de la raza aria. Y el canciller se impacienta y el viejo susurra, y aquel se encoleriza y el viejo insiste, y tiemblan los monigotes de papel, nazis que entienden noruego, noruegos que idolatran el alemán, en torno a esas dos vidas reales, a esas dos fuerzas de la naturaleza, que no ceden un palmo de terreno dialéctico. Podemos ser roteños y jugar con los sanluqueños, podemos creer en vidas improbables, disfrutar con los juegos literarios o con las confesiones –reales o probablemente ciertas- de esa vieja dama indigna de la edición en español, pero uno lee esta semblanza del periodista y escritor noruego Ingar Sletten Kolloen, autor de una biografía, Knut Hamsun. Soñador y conquistador (Nórdica, 2009: cómo renunciar al placer de la búsqueda, pero llevo dos meses recorriendo inútilmente plazas libreras de primera tras este libro…), y de la que está sacado este texto aparecido en Claves, y qué quieren que les diga: la realidad te estremece. Así que uno vuelve al principio, coge las Vidas improbables del roteño y se agarra, como a un clavo ardiendo, a la vida improbable del sanluqueño. Engaña, pero reconforta.




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