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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Anemia ferropénica


El debut en el largometraje de Gabe Ibáñez es un pretencioso thriller psicológico que no aporta casi nada al reciente panorama del cine fantástico de producción española. Nos cuenta la historia de María (Elena Anaya) y la misteriosa desaparición de Diego, su único hijo, cuando se dirigen de vacaciones a la isla canaria que da título a la película.

El filme, desde sus primeras imágenes, está tentado por el efectismo, los encuadres forzados y los giros argumentales más previsibles al servicio de una historia de intriga y derrumbamiento emocional narrada sin ningún tipo de fuerza, encanto  u oficio.

Ibáñez se apoya en una intensa interpretación  de Anaya para construir un efectista relato de suspense acerca del descenso a los infiernos de una madre que vuelve al lugar donde perdió a su hijo y encuentra una serie de enigmas que no solo son gratuitos sino que se nos ofrecen de forma obtusa y sin ningún tipo de inquietud, más allá de los sustos de rigor y de un elaborado  tono poético que apenas funciona. Ibáñez no otorga ningún tipo de densidad a los secundarios, no profundiza demasiado en su historia ni en las relaciones entre los personajes, y la inquietud surge solo de una puesta en escena llena de trucos audiovisuales y situaciones límite que suceden dentro y fuera de la cabeza de la maltratada protagonista. El filme va perdiendo interés a lo largo de su desarrollo  cuando nos damos cuenta de que todo puede suceder y de que el realizador ha optado por un estilo “artístico” vacuo y afectado.

Una mezcolanza de imágenes de postal y detalles morbosos  con situaciones de desazón íntima que no funcionan a pesar del indudable esfuerzo de la actriz protagonista por dar algún sentido a un personaje inmerso en un sinsentido fílmico.




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