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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Lecturas vicarias en la arqueo-red


La editorial Evohe ha presentado modestamente, y posiblemente sin intuirlo del todo, uno de los libros más inclasificables de los últimos años, y sin duda alguna, uno de los más inteligentes, divertidos, apasionantes y apasionados que han caído en mis ávidos y ya miopes ojos de lector. Gracias, señor Tubau, por creer en la inteligencia de sus lectores y proponernos este reto en forma de juego intelectual donde convergen multitud de pequeños afluentes que conforman ese enorme estuario de multiplicidades temáticas, ideológicas, filosóficas, pictóricas ─y otras cuantas esdrújulas más─ que componen su, ¿novela?, ¿ensayo?, ¿tratado? Recuerdos de la Era Analógica, una antología del futuro.

Quizás muchos lectores despistados, y afines además al sistema de etiquetado simplista de géneros, pasen ante la novela, y leyendo el título la desestimen creyendo que sólo se trata de una novela de ciencia-ficción. Craso error que a otros muchos en el pasado les costó perderse la obra de autores de la talla Stanislav Lem, Philip K. Dick, Jim Ballard, por citar a los más punteros, y la de otros ilustres representantes de la ficción especulativa, hoy en día aclamados y aceptados por público y crítica que en un principio les negaron el pan y la sal.

Pues de todos ellos, y de otros muchos que van desde Platón , Ovidio y San Agustín, pasando por Jonathan Swift o Nietzsche y llegando hasta el mismo Frank Kafka, se nutre Daniel Tubau a la hora de presentarnos esta compilación de textos (que van de un examen a un informe, de un cuento a una carta, de un ensayo al mero comentario en las páginas de un zine) preparados por unos antólogos del siglo 25 que recogen material diverso de nuestro mundo actual, y el más próximo en el futuro ─para ellos tan arcaico e incomprensible como para nosotros puede resultar la Prehistoria─ obtenido a través de la información, eso sí filtrada y depurada por los Poderes Dominantes de esa época futura, de la Arqueo-Red (nuestro actual Internet). Para ellos lo importante no es escribir e inventar el futuro ─la prognóstica aplicada se ocupa de ello de una forma rutinaria—, sino hacerlo con el pasado del que parecen desconocer casi todo.

Especie de ucronía que se muerde la cola, el libro se mueve entre ese futuro lejano de los antólogos y nuestro presente, que para ellos es el pasado remoto. Página tras página nos va presentando un texto tras otro al final de los cuales los antólogos (voz vicaria de Daniel Tubau, el autor) emiten sus opiniones; y es ahí donde el autor saca a relucir su enorme bagaje cultural y su sardónico y atinado sentido del humor para hablar del absurdo de nuestro presente a través de una voz futura que rastrea su pasado. Una idea absolutamente brillante, perfectamente construida a la manera de los cuentos morales del dieciocho, que derrocha ingenio e inventiva y que no se arredra ante ningún tema.

Sería difícil para mí destacar un capítulo del resto, pero me gustaría detenerme sobre el que ha generado mis carcajadas menos vicarias desde hace años, el titulado Registro Universa , una muestra delirante de hasta dónde puede llegar el afán de intervencionismo de cualquier tipo de corporación comercial o estatal en la vida diaria de los ciudadanos (os dejo descubrirlo por vosotros mismos para no arruinaros la sorpresa) y que no es ajeno al actual estira y afloja de la administración con las páginas P2P y el pago de derechos de autor: absolutamente kafkiano y divertido.

Para terminar, quiero recomendar encarecidamente la lectura de este libro y os aconsejo no olvidar el nombre de Daniel Tubau, su autor, del que espero sus futuras (¿pasadas?) obras con verdadero interés después de esta genial muestra de lectura findemilenio.




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