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Sara Orúe

Las rebajas de cada enero

Uf, se acabaron las Navidades. Y no es que no me gusten, que no me gustan demasiado, es que, en mi humilde opinión, son demasiado largas. La cosa comienza después del puente de diciembre con la iluminación de las calles, los anuncios de colonias y juguetes y esas cositas. Luego llegan las fiestas propiamente dichas con su Nochebuena, su Navidad, su San Esteban, su Noche Vieja, su Año Nuevo, su día de Reyes…


Y, entre medio, las cestas de Navidad de la empresa, los turrones, mazapanes, polvorones y otras mandangas, las cenas y comidas, los menús de 14 platos, el pavo, los langostinos, Papá Noel, el caga tió, la cabalgata de Reyes, los Reyes mismos… qué hartura, es que tienen de to y no les falta de na. Cuando terminan, un mes más tarde, no tienes ganas de comer más en tu vida, de bailar más en tu vida, de beber más en tu vida y, sobre todas  las cosas, de ver más en tu vida a tu cuñado Paco, que es un plasta y no le aguantas. 

Y todavía queda lo peor: los propósitos de Año Nuevo. Yo este año tengo uno claro, contundente y definitivo: no pienso proponerme nada ni este año ni nunca. Ah, y de eso de año nuevo vida nueva, nunca más. A mí ya me gustaba mi vida del 2007. He dicho.

—No sé por qué te quejas. Has estado tres semanas de vacaciones.
—Pues también me quejo por eso, carajo, que se me han terminado.

Y, para colmo, he comenzado el año acojonada. ¿Ustedes han leído lo de la inflación, el IPC, la cuesta de enero y todo eso? Da horror, oigan. Se pasa más miedo viendo el telediario que viendo El orfanato.

Además, la peña, inconsciente como sólo sabemos serlo los humanos, ¡hale!, todos a las rebajas, y llevamos los tres días que ya dura esta semana con la VISA en la mano. Y es que, en un breve periodo de tiempo, hemos pasado de comprar langostinos a precio de oro a comprar pantalones a precio de ganga y eso, qué quieren que les diga, no hay bolsillo que se resista.

—A lo que no me resisto yo es a comprar a mitad de precio. Y este mes se encuentran auténticos chollos.

Si Julieta lo dice… Yo no voy de rebajas, me da grima.


—Mira la esnob.
—No es esnobismo, es la realidad. No sólo no disfruto sino que sufro, porque de lo que me gusta no hay talla, lo que sí hay talla no me hace ninguna falta, está mi bolso de piel marrón a la mitad de precio, me parece que todo el mundo se lleva cosas más baratas que las que yo he encontrado, las colas en las cajas son interminables y, como me he engordado estos días, temo comprarme cosas que, en unas semanas me van a estar grandes seguro.
—Eso último es un farol.
—Cierto, pero también es una buena excusa. Además que no quiero ir de rebajas, que me aburre.
—Bueno niña pues no vayas. Jesús, cómo te pones.

Yo no entiendo por qué sólo quedan zapatos del número 37 (antes 36) y jerséis de la talla XS (antes, esta niña no me come nada y está hecha un arguello). ¿Es que las flacas de pies pequeños son, además, roñosas y sólo compran en rebajas? ¿O es que, como me supongo, hacen demasiadas unidades de esas tallas cuando la gente en realidad tenemos los pies más grandes y los muslos más anchos?  ¿Eh?


—Déjalo ya amiga, no te sulfures.
—Me sulfuro, ya lo creo que me sulfuro. ¿O no es para sulfurarse que, justo el vestido que vi y me gustó, era adelanto de la primavera y valía un ojo de la cara?
—Eso es mala suerte, sí.
—Además, alguien había tirado el cartel donde avisaban de que esa estantería no estaba rebajada y no me enteré hasta que llegué a la caja tras 57 minutos de cola exactamente.
—Eso es más mala suerte todavía. ¿Qué hiciste, lo dejaste?
—Estuve pensándolo un buen rato, con los consiguientes reniegos de los clientes que me seguían en la cola pero, finalmente lo dejé. Había perdido hora y media, pero no iba a perder mi dignidad ni mis principios. Lo dejé y me fui, como una heroína.
—Eso es una percepción tuya de la realidad ligeramente deformada. A mí me parece que, más que como una heroína, quedaste como una pazguata.
—Es posible, pero prefiero no pensarlo.

En fin, Pilarín, que cada año se repite lo mismo, son los ciclos de la vida, no sirve de nada desesperarse. Las rebajas llegan y pasan, y, como cada año, lograremos sobrevivirlas también a ellas. Sobre todo si no nos acercamos a las tiendas hasta bien mediado el mes de Febrero.




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