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Errata

Evaristo Aguirre

Literatura y realidad

Es un libro peculiar, de un autor peculiar, que cuenta una historia en absoluto convencional y lo hace con un estilo muy alejado de lo habitual. Y sin embargo, todo tiene un aroma a burguesía acomodada, a ambiente cultivado, a cosmopolitismo (el otro día oí en la televisión a un tipo que decía de sí mismo que era muy “cosmopolitano”; qué cosas). La historia es esta:

Un hombre discute con su mujer, con la que tiene hijos ya adolescentes y de quien está separado, y la ataca con ácido, que derrama sobre su cara, desfigurándola. Uno de los hijos, el narrador de la novela, se hace cargo de los cuidados que debe recibir la mujer, convertida en un ser de tintes monstruosos, sometida a una larguísima serie de complejos y largos y laboriosos cuidados.


Son los años sesenta, en Argentina. E iremos descubriendo el pasado de ese matrimonio y la historia de ambos, intelectuales metidos en política, personas con una vida pública muy interesante y fructífera, pero dotados de una tremenda incapacidad para su relación personal, íntima.

Como las posibilidades médicas en Argentina no son suficientes, la madre desfigurada y el hijo, –alcohólico, desubicado, brillante, desorientado– se trasladan a Italia, donde se sucederán las curas, los pequeños fracasos y los pequeños avances. La madre se terminará suicidando –el padre ya lo hizo en un primer momento–.


No hay patetismo en la narración, ni siquiera un especial dramatismo. Hay tristeza, desesperanza y, a veces, unos toques de humor, que podrían ser resignación o adaptación o sencillamente perplejidad. Parece que la historia de la madre es una excusa para la peripecia del hijo, para su extraña manera de relacionarse, para su forma de contar el pasado y de recordar y de evocar. Hay párrafos, pequeños capítulos en los que ese narrador escribe hechos, describe situaciones jugando con la lengua, hablando en español pero a la italiana, por ejemplo. Es la crónica de un doloroso y duro aprendizaje, de un descubrimiento del mundo con una de las peores perspectivas imaginables.


Jorge Baron Biza (Buenos Aires, 1942) solo escribió esta novela, El desierto y su semilla (451), en 1998; tres años después, se suicidó, como el padre y la madre del narrador de la ficción, que no es más que una adaptación a la literatura de su propia experiencia. Sí, el núcleo del que parte este gran libro, esta estremecedora historia ocurrió, y muchos de los elementos que aquí aparecen (los mencionados suicidios, el alcoholismo…) son ciertos. Este libro no debería pasara inadvertido, no señor.




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