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Pantumaca

Sara Orúe

Mudanzas y otros movimientos


Mamá Pantu se ha mudado.

—¿Se ha quedado muda?
—Ains, no. Se ha cambiado de casa.
—¿Hacia donde?
—Hacia mí.

—Me lo temía.

Por si alguno no ha entendido, mi madre vive ahora más cerca de mí de lo que lo hacía antes.

—¿Y qué tiene eso de malo?
—De malo nada. De bueno tampoco.
—Vamos, vamos, no te quejes. Tu madre no te da nada de lata.
—Cierto, pero antes no me daba la lata a 100 kilómetros. Ahora no me da la lata a la vuelta de la esquina.
—¿Y?
—Que todo parece más grande cuando lo ves más de cerca.
—¿Y?
—Y Mamá Pantu es muy grande de lejos, imagina de cerca.

La verdad sea dicha, la mudanza ha ido muy bien para todo lo que nos podía haber pasado. Sólo nos olvidamos en la casa vieja todas las lámparas de techo y una de sobremesa, todas las sartenes, un cuadro enorme que es un retrato de mi madre y el carrito de la compra.

—Las he visto peores.

Tienes razón. Sobre todo si pensamos que nos trajimos todo lo demás, incluyendo en todo lo demás todo lo que imagina puedas. Desde sofás, sillones, mesas, televisiones, cadenas de música, camas, etc. hasta: cuatro vajillas, dos cuberterías, dos cristalerías y dos juegos de boles de helado; un juego de mancuernas y dos bicis doblemente estáticas…


—¿Doblemente estáticas?
—Sí. Ellas no se mueven aunque pedaleas pero, como nadie pedalea, no se mueven en absoluto.

… veintidós pares de zapatos, quince bolsos y un porrón de paraguas; 16 álbumes de fotos, diez o doce películas de Súper 8, unos doscientos DVD y aproximadamente tres mil libros…

—Leen mucho tus padres.
—Y tiran poco.

… seis botes de cinco litros de detergente, ídem de suavizante, ídem de lejía; toallas para secar el Mediterráneo, calcetines y guantes para mantener calientes a todos los chinos del mundo…

—¿Por qué chinos?
—Porque son una pila de millones de manos y de pies.

… dos docenas de bombillas y unas cuantas pantallas de lámpara… sin lámpara; tres juegos completos de cubo, pala, rastrillo y formas para hacer flanes de arena; figuritas, jarrones, huevos de Fabergé, platos de porcelana, esculturas étnicas, recuerdos de Cartagena; unas mil recetas de cocina…

—Al menos comerás bien los domingos.
—Lo dudo. Soy la única persona que conozco que cuando va a casa de su madre a comer el domingo, tiene que llegar pronto para hacer la comida.
—Ya, y tú no eres famosa precisamente por tus artes culinarias.
—No. Soy la única persona que conozco capaz de dejar poco hechas a la misma vez que socarradas unas lentejas.

… varios teléfonos móviles con sus respectivos cargadores, dos teléfonos fijos con contestador, un teléfono góndola y uno de baquelita; un portátil; una única olla a presión pero, eso sí, dos tapas; comida para un regimiento; unos setenta kilos de cuadros para colgar en las paredes entre dibujos, láminas, fotografías, reproducciones, litografías, acuarelas…

—Me estás estresando

Ya te digo. Cuando los de la mudanza llevaban una hora sacando cosas del camión comencé a temer que nos hubiéramos traído cosas del vecino.

Mira hasta qué punto ha sido caótico que en la empresa mudamos todos los sistemas de servidor hace un año y fue más sencillo.

—¿Y qué vas hacer?
—Uf, los próximos cinco fines de semana desmontar cajas, bajar trastos a la basura, colgar cuadros, montar estanterías y esas lindezas.
—¿Y a partir del sexto?
—A partir del sexto… encerrarme en mi casa y llamar a mi madre por teléfono. Ya sabes, Cada uno en su casa…
—¡Y tu madre en la de todos!

Como la conoces. Bienvenida a la city, mami.




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