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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Kumkapi, Bazares y Eminonu

OTROS DESTINOS 

Kumkapi


Camino de Kumkapi, desde la Plaza de Sultanahmet, paramos en la que fuera iglesia de los Santos Sergio y Baco, conocida popularmente como Pequeña Santa Sofía, evidentemente sólo porque fue construida poco antes que ésta y como ella reconvertida en mezquita tras la conquista de Estambul por los otomanos, en 1453.

No les encontré parecido. En el patio en el que se encuentra la fuente para las abluciones, hay, cómo no, un agradable café, así que el alto en el camino resultó agradecido.


Posiblemente porque era un domingo de verano, la orilla del mar en Kumkapi era una fiesta: familias tumbadas sobre la hierba del parque, pescadores atareados con sus cañas (únicamente carretes de sedal, en algunos casos), bañistas refrescándose entre piedras y anzuelos (ni una sola mujer en el agua o tomando el sol en traje de baño), vendedores de mejillones cocidos con arroz, puestos de tiro al blanco (globos colgados sobre el mar que confieso haber reventado a perdigonazos, cuatro de cuatro), tiovivos manuales… Todos entre basura, tirando más basura, al paseo y al mar. Una pena.



Y al final del paseo marítimo, el mercado de pescado rodeado de restaurantes con vistas al mar, aunque a decir verdad son más concurridos los de la calle de enfrente, al otro lado de la autovía. En cualquiera de ellos, se agradecen unos entrantes variados y un pescado fresco, los calamares a la romana son especialmente buenos.

Barrio del Bazar

A continuación de Sultanahmet, cuesta arriba por Divanyolu, se llega en seguida a una de las entradas del Gran Bazar, más adelante la Universidad, y a pocos pasos, la extraordinaria Mezquita de Süleymaniye (cerrada por obras, que acaban de empezar).



Entramos en el Gran Bazar por la puerta Nuruosmaniye y ahí sí que nos dejamos llevar… joyas, alfombras, pañuelos, bolsos, lingotes de oro, cafés… y a media tarde el griterío incompresible (para mí) de la bolsa que pone precio al oro (o algo así), un trajín de llamadas telefónicas e intercambio de papeles apuntados en el momento.

Lejos de lo que pudiera parecer, el Gran Bazar no es nada barullero, es un limpio (raro en un país tan sucio), ordenado y enorme centro comercial, con anuncios en pantallas de plasma e indicadores de las calles con apuntes históricos en los carteles.


El barullo está afuera, en las calles que lo rodean, en las muchas calles que a su alrededor son mercado: las mercancías rebosan los locales e invaden las aceras, los carreteadores de bultos sortean el tráfico, los repartidores de té cambian vasos llenos por vacíos… Cuesta arriba, cuesta abajo, no nos perdimos un gremio: tiendas de botones, tiendas de tornillos, tiendas de cintas, tiendas de sacos, tiendas de cuerdas… tiendas de  todo. Buscamos una bolsa de rafia y, nos costó, pero al fondo de un callejón la encontramos. Lo que no haya en Estambul, no existe, creo.

El Gran(de) no es el único Bazar de Estambul, y todos están próximos entre sí. En el Bazar del libro compramos un mapa de carreteras, menos mal. Y en el de las Especias, el más turístico, los encargos de curry los regalos de té, y diría que también unas fundas para cojines.


Siguiendo a un grupo de turistas guiado, entramos en un patio y subimos a una primera planta, así llegamos a la Mezquita de Rüstem Pasa, una joya para los amantes de los azulejos de Iznik.


Al lado del Bazar de las Especias, frente al mar, la Mezquita Nueva es un hermoso remanso de paz. Si os gusta eso de dar de comer a las palomas, allí hay vendedores de alpiste y cientos de avisadas palomas.

En y desde Eminonu


Y si los que tenéis hambre son vosotros, cruzad la calle y acercaos a los barcos que venden bocadillos de caballa, a la izquierda del Puente de Gálata. El espectáculo es hipnotizante: lo barcos no dejan de bambolearse, y la fila de compradores de bocadillos es corta pero continua.

Los bocadillos, exquisitos, aunque hay que tener cuidado con las espinas que hayan podido quedar adheridas al pescado; unos quitan la lechuga, otros enriquecen su bocado con vivos encurtidos; yo lo como tal como me lo dan, y vuelvo a por otro.


Otra opción para cerrar la tarde de un ajetreado día de bazares es volver sobre nuestros pasos o coger en Eminonu el tranvía, y subir por Alemdar y Divanyolu de nuevo hasta las proximidades de la puerta Nuruosmaniye del Gran Bazar para disfrutar de un té de manzana (o los que se tercien) y un narguile (también de manzana, por ejemplo) en Çorlulu Ali Pasa.

O coger uno de los barcos que continuamente entran y salen de los distintos embarcaderos de Eminonu para pasar al otro lado de la ciudad, surcar el Bósforo camino del Mar Negro, o internarse en el Cuerno de Oro

O cruzar el Puente de Gálata. También son cafés y restaurantes los ocupantes de los bajos del puente, y tal vez los haya buenísimos, pero a decir verdad, ninguno me sedujo.


Las fotos las hicimos más o menos a pachas Eva Orúe y yo.

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El Bósforo y el Cuerno de oro
Bursa - Assos
De Assos a Çesme, pasando por Yenifoça
Çesme – Selçuk – Éfeso – Pamukkale
Pamukkale
Afrodisias, Priene y Mileto
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Antalya - Konya - Uçhisar
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