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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Malos no tan malosos


El póster nacional

De titubeante pero interesante carrera, Daniel Mozón se consolida con Celda 211 como un hábil narrador y un astuto director de buenos actores. Estamos ante un tenso drama carcelario de sorprendente ritmo, aunque algo tramposo en su impecable mecanismo de relojería. Monzón se apoya en un inmenso Luis Tosar, en un solvente Alberto Amman y en un más que sólido plantel de secundarios para que el espectador no se dé cuenta de que su película recurre a algunos de los trucos más viejos del melodrama y del cine negro carcelario.

Celda 211 es historia de Juan, un funcionario de prisiones atrapado en un motín, que se hace pasar por un preso más  para poder sobrevivir entre rejas. En el interior de la cárcel se encontrará con Malamadre (Tosar), el cabecilla de los reclusos sublevados. Monzón se atreve a tocar algunos temas espinosos acerca de las cárceles de nuestro país, pero pasa de puntillas por la denuncia social para construir un solvente drama a la antigua usanza, con un convicto temible pero de buen corazón, un funcionario corrupto y un héroe que necesita que necesita fingir y que descubre en sus propias carnes el lado oscuro del sistema penitenciario.


El póster internacional

Monzón toca muchos puntos pero no profundiza en ninguno, ya que Celda 211, como otros filmes suyos es, sobre todo, un buen espectáculo apoyado en un guión inteligente aunque algo tramposo, obra de Jorge Guerricaechevarría.

El filme se sostiene gracias a la trasparente realización con la que Monzón se aproxima de forma directa y hasta impúdica a sus criaturas sin grandes alardes narrativos, aunque no logra evitar que la historia acabe revelándose algo afectada y sentimental.

Un thriller en toda regla, un drama sobre la amistad, la camaradería y la necesidad de representar un papel para poder salir de circunstancias adversas. Celda 211 no es, en absoluto, una película perfecta y tanto los protagonistas como los secundarios beben de toda la tradición varonil de la literatura y el cine negros de “serie B”, pero no podemos negar que su director ha conseguido cierta madurez narrativa y que, gracias a unos diálogos acerados y una puesta en escena sobria, logra que entremos de lleno en su historia.




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