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Errata

Evaristo Aguirre

En busca de una buena historia


Vengo de comprar la última entrega, Nocilla Lab, de la trilogía de Agustín Fernández Mallo, de la que hablaré aquí la próxima vez (ustedes ya saben que las dos anteriores me gustaron…). Como no he encontrado ninguno de los otros tres libros que llevaba en mente (todos recientes, no entiendo por qué no estaban), me he puesto a mirar el estante de novedades para inspirarme un poco y me he encontrado con que Anagrama ha reeditado (ellos dicen “rescatado”, como si volver a sacarlo a la calle no hubiera dependido de ellos durante casi veinte años), bueno, se ha reeditado Los ángeles del infierno. Una extraña y terrible saga, de una de las estrellas de aquello que se llamó Nuevo Periodismo, allá por los años sesenta, allá por EE.UU., Hunter S. Thompson (1937-2005).

Me metí este libro entre pecho y espalda, y lo disfruté mucho, cuando tenía 18 o 19 años (y una moto). Se trata de periodismo puro y duro, de ese que consiste en saber que algo está pasando, en ir a dónde está pasando; allí, ver, preguntar; y luego contarlo. Thompson se pasó no sé cuánto tiempo metido entre esos moteros un poco energúmenos a quienes, por cierto, no les gustaba mucho aquel tipo: el trabajo de campo terminó con el reportero tirado en una cuneta tras haber recibido una somanta de palos por parte de los angelitos. En la gran historia a la que dio lugar todo aquello hay alguna exageración, alguna fantasmada y, seguro, alguna trola, pero sobre todo hay, me repito, una gran historia.

El otro día vi una entrevista con el periodista Enric González, que escribe, muy bien, en El País y es autor de unos estupendos libros sobre Londres y Nueva York, una entrevista en http://www.caspa.tv/ en la que destacaba que el periodismo escrito para sobrevivir frente a los medios digitales, inmediatos y omnipresentes, debe recuperar las historias. Y para esto es necesario ir a los sitios, recoger información y, tras un tiempito para pensar y procesar, contar la historia. Hace unas semanas, en la cadena CNN+ vi un reportaje, largo, sobre la trama de los sinvergüenzas esos de Gürtel. Ya llevábamos unas semanas con el goteo de información: trajes, amiguitos del alma, chulerías, dineros que iban de mano en mano… Aquel reportaje ordenaba los datos, relacionaba los hechos y las personas, y todo ello utilizando un recurso formal que hemos visto en muchas películas policiacas, una pared en la que están pegadas las fotos de los investigados, con flechas que las unen y comentarios. Aquello era una buena historia.

Tuve un jefe, en una redacción, que pedía que escribiéramos “novelitas” para los reportajes que se le ocurrían, casi siempre absurdos cuando no idiotas. No, justamente no se trata de “novelitas”, no se trata de jugar con la ficción, de inventar o de adornar (para eso están las novelas y el Photoshop), se trata de tomar el material y contarlo bien. Y eso es lo que encontré en Los ángeles del infierno cuando lo leí.

eaguirre@divertinajes.com




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